Cartas de Indrani

Queridos amigos,

La tarde está maravillosamente serena. Qué placer salir de casa esperando el frío y que te acoja una atmósfera casi templada. La cordillera ha desaparecido oculta tras las nubes, y contra ellas, la chopera que enmarca el paisaje por el Norte se perfila nítida, los troncos rectos, esbeltos, dirigidos hacia lo alto. En el proceso de retirar su energía, de retirarse a su centro, me llevan al consejo de Swami Kriyananda: “Vive más en la columna”. Este consejo me seduce desde hace tiempo y mirando hacia los árboles decido ponerlo en práctica. Hoy haré el experimento de dar el paseo desde la columna. Veamos que me depara.

Comienzo por tratar de observar la chopera desde la columna. Tengo los ojos abiertos, pero intento no verla con los ojos, sino desde mi centro. La figura erecta y firme de los chopos facilita tener presente la columna y observar desde allí. Después de un momento de estar así observándolos, puedo sentir la identidad entre su disposición y nuestra disposición. Ellos y nosotros dispuestos a la elevación; su energía y nuestra energía que anhelan subir; su rectitud y nuestra rectitud diseñadas para ascender. La firmeza de los troncos está ahora en mi interior, y podría continuar abandonándome en ella el resto de la tarde, pero me aguijonea la curiosidad de seguir el paseo desde la columna.

Cómo no, me detengo en el río. Quiero ver ahora el río desde columna. El agua que fluye continua, sin detenerse, inmediatamente me hace ir a la idea de desechar todo lo externo y concentrarme para fluir en una dirección única; trato de percibir ese flujo. Muy pronto siento el río en la columna. Cierro los ojos, se impone ahora el sonido del agua, pequeñas ondas que chapotean, ondas más amplias de sonido suave y extenso, ondas que rozan con fuerza contra la orilla, ondas que chocan… El río es la columna. Todo se concentra y se reduce a la variedad de sonidos de las ondas en el interior.

Cuando abro los ojos y comienzo el regreso a casa, el cielo es amarillo hacia el Oeste y pronto dorado. Hacia el Noreste las nubes azulean, a continuación empiezan a pintarse de rosa. En unos minutos todo el cielo es rosa a mi derecha, sobre las hileras de troncos derechísimos pardos, rojizos casi; a la izquierda brillantemente dorado ¡Qué magnificencia! La dicha crece en la columna.

Todas las vicisitudes de nuestra vida existen para que descubramos la dicha; para que busquemos la dicha en nosotros mismos y la encontremos en la columna. Las dificultades que surgen en las relaciones con los demás son sin duda una de nuestras mayores luchas. Desde la columna comprendes que surgen para purificarte, para desincrustar de tu columna las capas del ego y permitirte adentrarte en ella, en el reino de la dicha. Y tus desavenencias con los demás tienen la misma misión para ellos.

Una leve, aguda y armoniosa llamada, ¿quién llama? La lavandera blanca pasa tomando impulso y dejándose caer en ondas; aletea, arriba y, con un largo balanceo, abajo.

La tarde es perfecta, con el cielo rosa y dorado, los árboles en su esencia pardo-roja, la atmósfera templada. No existe deseo, inquietud, ansia, metas, necesidades. Ésta es la columna. Todo está en ella.

Desde la columna y el alma,

Indrani

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