Cartas de Indrani

Queridos amigos,

El comienzo del año y yo nos encontramos en Galicia, en la aldea oculta entre robledales de la que ya os hablé. Así que uno de los alicientes del primer día del año fue dar un paseo entre las carballeiras. Me maravilla el aspecto que presentan en esta época, ¡tiene tan poca relación con las leyes que rigen el mundo físico! Se esperaría que los corpulentos robles nos hablaran de fuerza y solidez, pero cuando al pasar la fuente del farauto y el antiguo lavadero, comienzo a subir hacia Xirazga, me basta con mirar un poco por encima de los cercados de granito para entrar en un mundo en que la gravitación universal se deja a un lado. El complicado tejido de ramas que un día se convertirá en las magníficas y frondosas copas de los robles, es una bella composición etérea gris verdosa-granate-violeta que flota sobre el esmeralda de los prados.

No puedo sino imaginar hadas y bondadosos seres fantásticos desplazándose sin peso, riéndose y jugando en este bosque aéreo. Supongo que los creadores de cuentos infantiles tuvieron la fortuna, al igual que yo, de pasear por bosques como los de Doade.

Después de un momento observando, la liviandad del bosque se comunica con el alma y me hace sentir la liviandad de la vida. Y me hace pensar en por qué la experimentamos tan raramente, por qué cargamos nuestra vida con tanto peso.

Quizá se deba a que no observamos la vida desde arriba, como hacen los robles. Quizá vivimos demasiados pegados al suelo, y cualquier rama desgajada que se cruza en el camino, cualquier charco embarrado, cualquier leve desnivel se convierte en un gran tropiezo. Quizá nos aferramos demasiado al suelo y lo que hay en el suelo.

Un querido amigo me habló hace tiempo de una técnica que él practicaba ante las dificultades: ver la situación desde fuera, como si no estuviera ocurriéndole a él. Por mi parte, en una carta del año pasado os proponía situaros ante las situaciones que os desasosiegan con el corazón abierto, como si se tratara de un paisaje holandés, que puedes contemplar sin ataduras. Los robles me llevan ahora a la práctica de ver desde arriba. Cuando una situación destruya tu paz, obsérvala desde fuera, para que no te envuelva; con el corazón en calma podrás hacerte una idea clara de ella. Y obsérvala desde arriba.

Al observar desde arriba puedes ver aquello que te aflige o te contrae en su conjunto y en perspectiva, en su dimensión “relativa” respecto a lo que la vida significa en sí misma. Pero sobre todo, al observar interiormente desde arriba, podrás observar con una conciencia más elevada. Serás entonces como los robles que flotan sobre la tierra y desde allí miran las hojas pardas que cubren el suelo; ya no forman parte de ellos y ya no les afectan. Podrás ver tu vida y sus tribulaciones simplemente como algo que está sucediendo.

Desde el punto de vista del alma,

Indrani

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