Cartas de Indrani

Queridos amigos,

¡Cómo puede haber tanto color en una tarde invernal! Voy camino del río y al volver la cabeza hacia la cordillera el color me asombra, ¡cómo puede haber tal variedad de tonos pardos y violetas! Un extenso paisaje de prados, bosques y montañas compuesto por infinitas tonalidades de pardo y violeta; incluso las vacas, que pastan en el rincón del fondo a la derecha, están coloreadas con esos tonos. De pronto una nota roja brillante, la viva cabeza de un jilguero acentúa la diversidad de los rojos. Hoy es el día fríamente invernal en que la primavera se anuncia enviando a los jilgueros. ¡Bienvenidos! ¡Bienvenida!

Continúo caminando en busca del color, y lo encuentro tiñendo intensamente los brotes nuevos. En los matorrales, en los arbustos, en los árboles, los renuevos empujan con decisión hacia arriba, y su vitalidad se refleja también en su color.

La vida comienza a erguirse en el bosque. La naturaleza atraviesa el invierno, pero la fuerza y la vitalidad bullen en el interior de las plantas y empiezan a estirar las ramas hacia el sol. Aunque la desnudez pudiera hacernos suponer que la primavera está muy lejos, se siente su vigor en cada pequeña ramita que tira de la savia hacia la luz.

Pienso en nosotros, seres humanos. Nuestros errores, que nos quitan la luz, son nuestro invierno. Pero también durante el invierno la conciencia circula por nuestros vasos, la conciencia divina. Estamos formados de sustancia divina que en las equivocaciones se retira hasta que decidamos hacer el esfuerzo de manifestarla. El invierno tiene una profunda belleza; nosotros no perdemos nuestra belleza profunda cuando cometemos un error, solo permanece a la espera.

No tiene tanta importancia equivocarse; lo importante es la determinación a cambiar, el esfuerzo por cambiar. Nuestros días de esfuerzo son los días en que, como hoy, el invierno, todavía patente, inicia la transformación. Me acerco a la vegetación en la ribera del río, qué agradable pasar la mano por los retoños lisos del álamo, por los pilosos y suaves retoños de los sauces. Las flores de los alisos cuelgan vestidas de color lila, las de los abedules de morado, en las inflorescencias de los chopos domina el verde… La naturaleza retoma sus fuerzas y comienza a erguirse lentamente hacia el sol. Nuestros días de esfuerzo son los días en que la divinidad en nosotros comienza a pujar arduamente hacia el sol de la conciencia cósmica.

No dejemos que nuestros errores pesen sobre nosotros aplastándonos, quizá todavía tenemos que cometer errores y despertar así la determinación a empujar nuestra fuerza vital divina hacia la luz.

Desde el alma que empuja hacia la Luz,

Indrani

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