Cartas de Indrani

Hace años empecé a dar clase en un instituto de educación secundaria, y entonces empezó también algo totalmente desconocido para mí hasta aquel momento, el insomnio; el torturante insomnio. Pío Baroja dice que la auténtica valentía de una persona se demuestra por la noche, mientras está despierta en la cama. Efectivamente el insomnio puede ser una dura prueba.

Algún tiempo después, como ya os conté en alguna otra carta, pasé de ser profesora de instituto a dar clase de yoga; los adolescentes ya no eran un motivo de inquietud, pero seguía sin dormir bien.

Esa fue la época en que descubrí la meditación y surgieron formas nuevas de enfrentarse a las dificultades. Así que decidí aprovechar las horas sin sueño. Tumbada boca arriba en la cama, comencé la práctica de enviar amor a mis alumnas, porque eran todas mujeres. Traía a mí, mentalmente, cada clase, e iba pasando por las alumnas una a una enviándoles amor. Visualizaba a cada una de ellas en el ojo espiritual y dejaba que desde el corazón el amor se elevara hasta esa persona; lo sentía llegar hasta ella y envolverla, mi corazón se dilataba y un nexo se establecía entre nosotras. Visualizaba a la siguiente.

Este proceso me producía tal bienestar, colmaba de tal forma mi corazón, que después de quizá unas semanas, me acostaba feliz pensando en el momento en que me despertaría en mitad de la noche y comenzaría a enviar amor.

Resultó curativo, y aunque no lo hice con esa finalidad, el insomnio fue evaporándose como una nube que se disuelve blandamente. Pero me dejó el buen hábito de utilizar esta práctica. Cuando surgen dificultades con alguna persona, aprovecho los momentos antes de dormirme o si me despierto en medio de la noche, para visualizarla en el ojo espiritual y enviarle amor. Al igual que en la época del insomnio, una onda se expande desde el corazón al ojo espiritual. Una profunda limpieza y apertura se inicia, un profundo desprendimiento. Si había llegado a producirse algún dolor, se suelta y elimina cualquier posible cimiento en que construir rencores.

Al igual que en la época del insomnio el problema se convirtió en un motivo de felicidad, ahora, cuando una emoción desencadenada por el roce o la inarmonía con otra persona quiere desatarse, tras un instante de contracción, aflora la gratitud, porque voy a tener la oportunidad de expandir mi corazón.

Si quieres ponerlo en práctica, aunque en mi caso no lo hago así, puedes visualizar el amor como rayos de luz que desde tu corazón llegan al corazón de la otra persona y la inundan.

Y si lo haces, verás que poco a poco una gran transformación va operándose. El oleaje de las emociones se aquieta, el bramido de las olas se acalla y una calma profunda se extiende ante la vista. Como cuando se mira a lo lejos sobre la superficie del mar.

Desde el amor y la calma del alma,

Indrani

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