Cartas de Indrani

Queridos amigos,

Vivir en contacto con la naturaleza es una fuente de afirmación de la vida. Esta misma mañana, al abrir la ventana llegó hasta mí el olor de la tierra, un olor que a esa primera hora despierta la sensación de algo intacto, y me llevó automáticamente a respirar con entusiasmo y sonreír. Con el invierno transformándose poco a poco en primavera, el olor era tan puro que la sonrisa, ¡qué maravilla!, vino acompañada de: ¡gracias!

En este momento es mediodía, sentada frente a la ventana abierta, dejo que esa afirmación me inunde. Al principio es un grato frescor casi superficial, casi el frescor de la atmósfera; después la sensación se interioriza y el frescor llena la mente, baja al corazón, invade todo el ser. De una afirmación de la vida, se convierte en una afirmación del estado de conciencia que es la vida del alma.

San Pablo aconseja orar constantemente. En la India esta técnica de acercamiento a Dios se llama japa, estar constantemente en contacto con la Conciencia. Andrea, una querida amiga, me contó hace unos meses que oraba, no sé si continúa haciéndolo, durante cinco horas diarias mientras trabajaba como limpiadora; por la forma en que me relató la experiencia comprendí su precioso efecto. Y me dejó la inspiración para practicarla “cuando tuviera ocasión”.

Ahora se ha presentado “la ocasión”. Últimamente, mis tías, de las que os he hablado y que son muy mayores, necesitan asistencia; esto me preocupa, es triste que ya no se valgan por sí mismas. Afortunadamente, al empezar a preocuparme recordé la práctica de Andrea. Así que he comenzado a hacer japa. La oración de Andrea se basa en una oración por la paz y armonía de Paramhansa Yogananda, y siguiéndola a ella, mi oración es: “Señor, llena a mis tías de paz y armonía”. No la hago de forma continua, sino cada vez que pienso en ellas. Y el resultado es que en el instante en que comienzo a hacerla, la preocupación desaparece, y la tristeza se cambia por la comprensión de que mis tías están siguiendo el proceso natural que sigue la vida. Al pasar los días, el cambio no se limita al momento en que repito la oración; su efecto va extendiéndose, y la preocupación y la tristeza se alejan.

Esto me ha llevado a hacer la oración por mis tías no solo cuando las recuerdo espontáneamente, sino también cuando mi mente trata de irse a un estado de energía baja. Santa Teresa de Jesús decía que “la mente es la loca de la casa”, así que cuando quiere entrar en un remolino de sinrazón, comienzo a orar. La mente se calla de inmediato, parece escuchar qué digo, ¿quizá se prepara a contraatacar?, pero como japa no le deja espacio para intervenir, se calma. El vórtice de baja energía se disuelve. Se produce un primer bienestar. Continúo con la oración y su vibración empieza a impregnarme, el bienestar se convierte en elevación; una elevación de la energía que abre la compuerta a un nivel de conciencia más elevado, a la afirmación de la vida. Y continúa elevándose de la afirmación de la vida al nivel del gozo.

Con el paso de los días entrar en la práctica de japa resulta cada vez más fácil. A la mínima señal de un descenso de la energía, comienza japa casi de forma automática y la energía ni siquiera llega a caer. La mente permanece en un estado de quietud y el gozo aflora de inmediato.

La oración constante es gozo constante. Si quieres practicarla, también puedes referir esta oración a ti: “Señor, lléname de paz y armonía”. Entra con ella en el gozo del alma.

Desde el alma,

Indrani

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