Cartas de Indrani

Queridos amigos,

Al descubrirse hoy el paisaje tras el sueño nocturno, la niebla flotaba entre las colinas; lechosas masas sin peso que se colaban entre los distintos planos separándolos. ¡No sabía que había tantos planos de colinas frente a mi ventana! Los árboles en lo alto de las colinas y la iglesia en primer término, eran formas evanescentes, mientras los primeros rayos de sol que penetraban los algodones de niebla los teñían de rosa en el horizonte.

El paisaje era tan distinto del que suelo contemplar a esa hora de la mañana, que me parecía estar, no en mi casa, en el pueblo donde vivo, sino en un lugar lejano totalmente nuevo, desconocido y misterioso. Y había en la escena ese entusiasmo de algo por descubrir. Había mucho interés en este estar en mi mundo, y con solo mirar hacia la ventana entrar en un mundo diferente.

Hace un tiempo tuve un sueño de estar así entre dos mundos. Soñé, de nuevo, con un pájaro. En esta ocasión era un pájaro pequeño, poco mayor que un gorrión, completamente blanco, de nuevo de un blanco inmaculado. Era un pájaro lleno de vitalidad, vivaracho como correspondía a su tamaño, que aleteaba pasando de un lado a otro de un seto. El seto, esto me pareció un poco extraño al despertar, era un seto de jardín, verde oscuro, muy bien cuidado, y el pájaro volaba de aquí para allá sin que se viera cuál era la causa y sin que nada pareciera retenerlo en ninguno de los dos lados.

Como sabéis, Paramhansa Yogananda divide los sueños en varias categorías desde sueños creados subconscientemente a sueños superconscientes. En una charla, Swami Kriyananda las reduce a dos: sueños subconscientes y sueños superconscientes. Dice que en realidad los primeros no son sueños, sino todo el amasijo de nuestros miedos, preocupaciones, inquietudes, que toman forma simbólica mientras dormimos. Los auténticos sueños son los superconscientes, donde recibimos algún tipo de guía o respuesta.

Cuando desperté de mi sueño, supe que el pájaro, que era yo, estaba hablándome una vez más de liberación. ¿Por qué pasaba a los dos lados del seto? ¿Qué representaba el seto? Sin duda una línea divisoria que el pájaro atravesaba sin ninguna dificultad. ¿La línea divisoria entre la vida y la muerte? Puede ser. Quizá el pájaro estaba mostrándome que no existe ninguna tragedia en esa transición, que se va de una a otra en un vuelo vivaz. ¿Quizá estaba mostrándome el paso de la realidad material a la realidad del alma? Sí, tal vez estaba animándome a aletear rápidamente y pasar deprisa de una realidad a otra. Quizá estaba enseñándome que las líneas divisorias entre los distintos planos de realidad no existen, son barreras que construimos nosotros, tan cuidadosamente como este seto artificial, y que se puede ir con toda facilidad al plano de realidad más elevado, donde vivir la Verdad de quién somos realmente. Quizá estaba deshaciendo cualquier idea de dificultad y alentándome a pasar alegremente a la realidad más sutil y bella.

Desde luego el pájaro hablaba de libertad, de cómo estaba por encima de las barreras.

Siento que el mensaje de este pájaro no era solo para mí. Hablaba de facilidad para todos. ¿Quizá de pasar de un lado al otro del sufrimiento, o del desánimo, o de la tristeza, o…? Me gustaría que sintieras que ese pájaro eras también tú, pasando vivazmente al plano de la realidad del alma que se encuentra al otro lado del seto.

Desde el otro lado del seto,

Indrani

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