cartas de indrani

Queridos amigos,

El invierno comienza a dar la bienvenida a la primavera, y la tarde recoge las muestras efusivas de una y de otro: fuerte viento, nubes de lluvia, grandes fragmentos de cielo azul por los que se cuela una resplandeciente luz. En el camino del río, el viento creó una alfombra marrón violácea con las inflorescencias de los alisos; cuando el sol la ilumina, aparece brillante en sus tonos marrones y sus bordes verdes intensamente marcados por una primera cenefa verde malaquita y una segunda verde casi amarilla de la hierba y el musgo recién lavados. El río rebosa de su cauce, y el agua pasa rápida e imparable. El camino y el río desplegándose paralelos, parecen las manifestaciones paralelas de la belleza y la fuerza del alma.

Este es uno de los momentos de mayor ímpetu en el río; con las lluvias copiosas y la nieve que se derrite en la montaña, corre con el agua casi atropellándose, lleno de movimiento y sonido. Es un momento de tanto vigor, que me hace sentir fácilmente el empuje del alma. Y cómo me gusta dejarme empapar por este sentimiento: el alma cargada de vitalidad y de fuerza.

No deberíamos olvidar nunca estos atributos, ni permitir que nada nos los haga olvidar. Paramhansa Yogananda dice que no debemos dejar que se nos trate como a un felpudo. Va en contra de nuestra alma. Pensando en ello mientras camino, se me ocurre que quizá el primer paso para sentir el respeto de los demás sea respetarnos nosotros mismos.

En un primer momento puede resultar un poco extraño, pero pregúntate si estás respetándote como tu alma merece. No me refiero ahora a si estás actuando conforme a los dictámenes más elevados de tu alma, en este momento doy por hecho que es así; me refiero a si, aun comportándote dhármicamente, no te ofreces un respeto absoluto, una confianza absoluta. Si sientes que no te los ofreces, proponte hacerlo.

Para empezar, quizá no baste con tener la conciencia de que tu comportamiento es correcto; trata de que, además, sea claro. Actúa con toda claridad para que no quede ningún resquicio por donde pueda entrar un juicio negativo sobre ti mismo. Asegúrate, fehacientemente, de que estás haciendo las cosas correctamente según tu conciencia.

Una vez que desarrolles el respeto por ti mismo, no permitas que otras personas te falten al respeto. Si alguien intenta hacerlo, indícale con determinación, de forma tajante si llega el caso, su error. Reclama tu derecho al respeto. No tienes que entrar en litigios o enfrentarte a nadie. Si en tu interior existe ese respeto, te resultará fácil hacerlo comprender a los demás. Y entonces ni siquiera será necesario que los demás respondan con respeto, porque tú ya lo tendrás en tu interior. Reclamarlo será solo una manera de reforzar todavía más el derecho de tu alma a disfrutar de respeto.

Ahora que el camino y el río nos muestran la fuerza y la belleza del alma, reforcémoslas con decisión, ¡la primavera se acerca en todo su esplendor!

Desde el respeto del alma,

Indrani

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