Cartas de indrani

Queridos amigos,

Un viento nevero recorre la ribera del Torío. Al Norte, la cordillera aparece cubierta de nieve purísima. Aquí en el valle, la naturaleza comienza a hablar en un lenguaje nuevo: el lenguaje de los tonos naranjas y violáceos; las yemas hinchándose en todos los arbustos para convertirse en millones de hojas; las inflorescencias de los chopos, los alisos, los abedules, cada vez un poco más largas, más gruesas. Me detengo a escucharlo. Y entonces, al mirar de nuevo hacia la montaña, la nieve es ya el agua de la primavera; y el viento es el viento de la renovación.

Mientras camino con el viento ayudándome gentilmente a avanzar, me siento tan liviana… Mi vida no lleva ninguna carga, pero si la llevara, aprovecharía este momento para lanzarla al aire y desprenderme de ella. De hecho, respiro con entusiasmo y el viento que sopla intensamente acrecienta la sensación de libertad renovada ¿Soporta tu vida alguna carga?

Repaso las cargas que pueden llevarse a la espalda. Con frecuencia son pesos que no nos corresponden. Cuántas veces estamos acarreando el karma de los demás; bien porque creamos erróneamente que es responsabilidad nuestra, o bien porque “los demás” se empecinen en pasarnos a nosotros la responsabilidad de sus vidas.

Alguien tiene, por ejemplo, un karma difícil con respecto al dinero: le cuesta encontrar un trabajo adecuado, le cuesta ganarse la vida, y trata de descargar su karma sobre otros. Quiere que la responsabilidad de su situación sea de su familia, o de sus amigos, o de sus compañeros. Son los demás quienes no le ayudan, o le ponen trabas, o -puede llegar a pensar- le cierran el camino. ¿Quizá te hayas visto, o estás viéndote, en una circunstancia así?, ¿alguien pretende descargar sobre ti esta clase de karma?

Quizá haya en tu entorno una persona insatisfecha, incapaz de aceptar que la vida no se amolde a sus deseos; la persona que se queja continuamente de todo y de todos. Es posible que te utilice para aliviar sobre ti su malestar; si te niegas a actuar de receptáculo de su amargura, pasarás a engrosar la lista de sus quejas, y a partir de ahí intentará que cargues tú con su insatisfacción. O quizá se trate de alguien que ha elegido determinado sendero en la vida, y si ese sendero llega a un punto muerto, achaca su indefensión a otras personas.

Es la tendencia, tan común en muchos seres humanos, a echar la culpa de lo que les sucede a los demás. O esperar que los demás respondan a sus expectativas, y si no lo hacen, ¡ay, de ellos!

No permitas que nadie te cargue con sus fardos. Aunque quisieras ayudar, pronto te darías cuenta de que solo te hunden sin que la otra persona salga a flote. Cada uno tiene que resolver su propio karma; nadie puede hacerlo por los demás ¿Nadie? Sí, los seres altamente evolucionados pueden echarse sobre sí el karma de otros; pero lo hacen voluntariamente, jamás permitirán que nadie se lo endose; y, además, conocen su capacidad para llevar la carga.

Un cormorán pasa rápido en brazos del viento, se ladea un momento y enseguida se dirige veloz hacia delante. Cómo expresa su vuelo libertad, qué sensación de no llevar ninguna carga consigo.

Libérate también tú de cargas impuestas. Deja que tu alma siga su propio vuelo, que se eleve ligera, rauda hacia delante.

Desde el alma descargada de todo peso,

Indrani

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