Cartas de Indrani

Queridos amigos,

El martes, como lo hacemos todas las semanas, nos reunimos el grupo de meditación. Dado que empezaba la Semana Santa, como lectura de inspiración antes de meditar elegí fragmentos del capítulo: “La resurrección de Sri Yukteswar”, de la Autobiografía de un yogui. La sobrina de una querida amiga está gravemente enferma, y la lectura cumplía también el objetivo de llevar consuelo a nuestra amiga.

Swami Sri Yukteswar describe un mundo tan bello esperándonos al dejar este cuerpo físico: “El mundo astral es infinitamente bello, puro y ordenado…los planetas astrales mantienen siempre la temperatura de una primavera eterna, con ocasionales días luminosos de blanca nieve y lluvia de luces de muchos colores”. Al leerlo se desvanece toda aprensión a la muerte.

Y nos habla del alma encerrada en tres cuerpos: físico, astral e ideacional, que irán perdiéndose hasta que el alma, libre de estas tres prisiones, se funda de nuevo en el Océano de Conciencia Cósmica. Sus palabras nos hacen percibir nuestra cualidad de seres inmortales, eternos.

En el mundo astral: “Todo vibra con la luz creativa de Dios”. Así terminamos la lectura. A medida que había ido avanzando, la dediqué cada vez más a aliviar el sufrimiento de nuestra amiga, y al terminar me embargaba el pensamiento de que es a este mundo de perfección a donde van nuestros seres queridos.

No sé cómo se sentirían los demás, cuando la lectura finalizó yo me sentía llena de paz y de dicha. En mi interior, mi esposo había estado presente durante la lectura, y en ese momento tuve la certeza, que he experimentado tantas veces, de que era feliz. Sri Yukteswar me había confortado y llenado de alegría.

Esa noche soñé con mi esposo. Realmente vino a mí mientras dormía. Apareció de pie frente a mí, a pocos metros, y me miraba sonriente, pero desde un plano distinto al mío; sí, en el sueño podía percibir que no estábamos en el mismo plano. Sonreía con dulzura y no había duda de que estaba muy contento. Iba vestido de blanco, con pantalones y camisa blancos y un jersey blanco como los que usaban los tenistas cuando yo era niña, con una fina raya azul en el escote de pico, ¡siempre me gustaron esos jerséis! Su dulce rostro era exactamente igual al que tenía en los últimos años de su vida, con una corta barba blanca y el pelo blanco purísimos, los ojos brillantes, y una sonrisa llena de amor. Irradiaba calma, también como lo hacía mientras estuvo retenido en un cuerpo físico, y su expresión estaba diciéndome: “¿Ves qué bien estoy? ¿Ves qué felicidad existe en este plano? ¡Aquí se está tan bien!”. Al mismo tiempo, en su sonrisa parecía haber un matiz de broma, de: “¿Qué estás haciendo todavía ahí?”.

Cuando desperté me inundaba la felicidad, por él y por todos nosotros. El alma espera que la liberemos de los contenedores que la separan del Espíritu. Y está en nuestras manos hacerlo. No hay nada que temer. En el mundo astral: “Todo vibra con la luz creativa de Dios”.

Desde el alma que vive en un mundo de Luz,

Indrani

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