Cartas de Indrani

Queridos amigos,

Una intensa lluvia, alternándose con nieve, nos empapa desde hace semanas. En los pueblos del páramo se pone ya el pensamiento en la divinidad que barra las nubes y haga resplandecer el sol. Es tiempo de sembrar, la tierra tiene que secarse. Al comenzar el invierno la nieve fue bienvenida con esperanza, en Marzo la lluvia se acogió con alegría y alivio, pero ahora ambas tiene que cesar; la tierra debe entrar en un nuevo ciclo que permita la siembra. A este ciclo deberá sucederle el ciclo del calor que haga posible la maduración. Y a este… Existe un programa agrícola perfecto, y el tiempo atmosférico debería atenerse a él.

En general, todos creamos en nuestra mente un programa de vida perfecto; pero, al igual que el tiempo atmosférico, con demasiada frecuencia las circunstancias no se adaptan a nuestro diseño. Llegan las pruebas, y con ellas la rebeldía, el miedo, la falta de valor para enfrentarse a ellas, el cansancio, quizá.

Nos gustaría que la vida fuera perfecta, según nuestra idea de perfección. Y ¿no es natural que nos hagamos esa idea? ¿Será que recordamos la perfección del alma y por ello pretendemos la perfección también en el plano material? Patanjali dice que el despertar del alma es un proceso de “recuerdo”, y tal vez por eso nos duele que las circunstancias no se amolden a nuestro recuerdo. Sin embargo, el proceso es importante; y es importante comprender que se trata de un proceso.

En el bosque, la naturaleza, al igual que los campesinos, está a la espera de que cese la lluvia. Todo permanece en un estado de atención. Ayer pisaba la hojarasca descolorida y embebida de agua entre los altos chopos, que mantienen las hojas en brote, alerta para abrirse; de pronto, un punto color violeta intenso en el suelo: una delicada flor asomaba entre las hojas muertas; muy cerca otra, y otra, y otra. Las violetas sacan la cabeza entre el pardo y la humedad, ¿alguien dudaba de la primavera?

En medio de la lluvia persistente de las pruebas, respira profundamente, eleva tu energía y afróntalas. Resiste sus embates; practica la resistencia de un corredor de fondo. Con el tiempo te darás cuenta de hasta qué punto te fortalecen. Muy probablemente descubrirás que te llevan a tu centro, donde reside la serenidad “perfecta”, donde nada podrá “tocarte”.

Desde luego por el camino habrá violetas sacando la cabeza gracias a la lluvia, y, sobre todo, irás desarrollando la sabiduría de aceptar que la vida no se acomode a tu programación ideal. Cuando alcances ese momento sentirás calma en tu corazón. Y con la calma del corazón vendrá la claridad mental. Percibirás cuál es el sentido de la prueba, o las pruebas, y qué posición debes adoptar para continuar avanzando hacia la perfección que tu alma “recuerda”.

Desde el alma que recuerda,

Indrani

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