cartas de Indrani

Cómo desarrollar pensamientos positivos

Algunos de vosotros, después de las cartas que envié desde Norteamérica, me habéis pedido que siga escribiendo, porque eso nos mantiene conectados. Bien, si puedo seros útil de esta forma, pediré al Maestro que me utilice para llegar a vosotros. Espero saber ser Su herramienta; si no Su martillo o Sus alicates, su teclado.

La vuelta a casa resultó como si no me hubiera ido. En parte eso se lo debo a Liya y María, que habían quedado al cargo de la huerta y la casa e hicieron que encontrara todo cuidado y en orden. Así que, después de cinco semanas de ausencia, fue como si hubiera salido a comprar al supermercado y regresara con la compra hecha.

En gran parte, la sensación de no haberme marchado se la debemos a la meditación, que nos hace sentir que todo el Universo es nuestra casa.

Y como el Universo es una casa bastante grande para nuestro tamaño, está bien darse una vuelta, al menos por el planeta, de vez en cuando. Interiormente hacemos un milagroso recorrido todos los días; exteriormente un cambio de escenario, incluso mínimo, amplía nuestra percepción. Eso fue lo que me sucedió justo antes de viajar a Ananda Village, en California. El fin de semana previo al viaje me acerqué a Galicia, a visitar a dos de mis tías; viven a unos 300 Km. de aquí. Físicamente es un pequeño viaje, pero una mañana entré en la sala de “gala” de su casa, donde se concentra una porción de mi niñez. Simplemente quería oler esa porción. Me asomé al balcón, que da a una carballeira, así se llaman en Galicia los sotos de robles, y me vinieron a la mente, aunque probablemente me vinieron al corazón, unas palabras que había oído en mi interior meses atrás: “No, yo no quiero esto”. Ahora, en la sala de mis tías, y al instante, supe: “Quien habló fue mi alma”. Con toda claridad, con toda certeza, supe que aquellas palabras las había dicho mi alma. Y desde entonces sé que el alma me habla, que el alma nos habla.

En aquella ocasión “No, yo no quiero esto”, me había salvado de hacer algo que, realmente, no quería mi alma. ¡Y cuánta gratitud he sentido desde entonces por estas palabras! ¿De dónde habían surgido como desde una nube? ¿convocadas por el éter? Ahora descubría que procedieron del alma. Que el alma nos guía y nos protege.

Desde entonces, ante cualquier pensamiento o emoción que tiende a contraerme, intento tener presente: “Esto no es lo que quiere mi alma”. Neti neti, “esto no, esto no”. Y a partir de hoy tomo la determinación de desarrollar la contraparte positiva, tratar de vivir siguiendo sólo la guía del alma. Frente a cada situación o decisión, en cada instante, tomo la determinación de preguntar el camino a mi alma. Quieres acompañarme, ¿verdad?

En Amistad divina,

Tyagi Indrani Cerdeira

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