Carta de Indrani

Queridos amigos,

Al abrir ayer la puerta de la calle para salir a dar un paseo, una racha de viento frío me dejó paralizada: “¿No será sensato dar un salto y volver a entrar en casa rápidamente?”. Porque no solo hacía viento y frío, llovía, además: “¿Me arriesgo? Después de todo llevo paraguas”. Apretar un poco el paraguas en la mano me tranquilizó. “Llegaré solo hasta la primera barandilla”. Ahora sí, protegida por esta idea y el paraguas, decidí aventurarme en la desapacible tarde de primavera.

Empecé a caminar hacia la iglesia. A los pocos metros, los campos verdes, los saúcos que se despiertan vigorosos, los abruños en flor, me hicieron olvidar la parálisis inicial. ¡Qué maravilla haber salido, haber vencido la primera dificultad!

Poner nuestra energía en marcha y vencer la primera dificultad nos trae siempre la compensación que me proporcionó a mí la tarde de ayer. Enseguida cesó la lluvia, se apaciguó el viento, y el sol brilló en los campos verdes y en los campos amarillos, en las hojas tiernas de los árboles.

Swami Kriyananda dio como uno de los secretos de la felicidad: “Agradece las heridas recibidas, pues son cauces para la comprensión y la sabiduría”. Desde el momento en que lo leí por primera vez, sentí que marcaba una dirección de crecimiento que no era fácil, pero que conducía a una meta muy elevada. Ni siquiera entendía bien lo que quería decir, cómo a través de las heridas se llegaba a la comprensión y la sabiduría; pero la frase quedó latente en mí, quizá a la espera de descifrarla.

Hace algún tiempo, buscando “Secretos de la felicidad” para leer en clase, apareció de nuevo ese secreto. Esta vez quise entenderlo, y comencé a repetirlo a lo largo del día, como una afirmación que quieres grabar en tu conciencia. En cierto momento su significado apareció claro: “No busques tu fuerza fuera de ti, busca tu fuerza en la Verdad”. “No busques tu fuerza en el apoyo de los demás, búscala en la adhesión a la verdad, en tu interior”.

Nuestra guía solo puede ser la verdad, no la opinión de los demás, no cómo se comporten con respecto a nosotros, no el crédito o descrédito que nos concedan.

Cuando solo nos mueve la verdad, nos despojamos de todas las capas que encubren el alma. Entonces podemos entrar cada vez más en nuestro centro, donde reside nuestra fuerza. En la fuerza del alma no hay dificultades invencibles, y, tras vencerlas, surge la dicha de una tarde de primavera de campos verdes y amarillos al sol.

Desde la fuerza del alma,

Indrani

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