Cartas de Indrani

Queridos amigos,

El día ha estado lluvioso, pero ahora, a media tarde, el sol lanza su llamada a pasear. En el bosque domina el olor. El olor sutil y penetrante de los espinos blancos y la aulaga, la manzanilla, los prunos; pero sobre todo del espino blanco, que durante estos días es el rey del valle.

Una gota de lluvia brilla todavía en el follaje como el astro más brillante en el firmamento. La miro fijamente; casi al instante, su luz comienza a brillar más. Un pequeño potente foco de luz se forma en su centro; sus delgados y resplandecientes rayos me alcanzan, y encienden una sensación de dicha. Continúo mirándola, sus rayos parecen comunicarse con una luz que brillara dentro de mí. Sí, siento su brillo en mi interior, o más bien siento que, al igual que el brillo de la gota viene hacia mí, un brillo se irradia desde mi interior hacia ella, como si saliera al encuentro de su brillo. En este momento mi ser se identifica con la luz que fulgura intensamente dentro y fuera de mí.

Sigo caminando. Los árboles, a los que acompaño mientras paso, los trigales, el paisaje de colinas y los olores, los riquísimos cantos de los pájaros, cobran una maravillosa belleza. El rojo intenso de las primeras amapolas al borde del camino, destaca entre la variedad de verdes de las pequeñas plantas, y contrasta con fuerza contra el blanco de los espinos que le sirven de fondo. El mundo físico es tan bello esta tarde, que contemplándolo te embarga la certeza de que solo puede ser una representación de una belleza superior; de una conciencia de belleza.

¿Por qué en ocasiones esta conciencia que es belleza nos permite entrar en contacto con la fealdad? Quizá para que anhelemos una belleza muy por encima de cualquier manifestación que hayamos podido conocer en el plano físico. Y para que aprendamos a ver esas fealdades como leves sombras que pasan un momento frente a nosotros antes de disiparse. Para que entremos decididamente en nuestro interior, cultivemos allí la belleza, y la extendamos después a nuestra vida.

La belleza, que late a nuestro alrededor y dentro de nosotros, es permanente. La fealdad es un breve oscurecimiento. No nos aferremos a la fealdad, dejemos que pase y se desvanezca. Y que, al igual que la luz brillando en la gota de lluvia encendió la luz en mí esta tarde, la luz interior se irradie y se comunique con la luz en todo y en todos.

Desde la brillante gota del alma,

Indrani

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