Abundancia

Queridos amigos,

Por todas las ventanas de la casa abiertas a la brisa cálida y perfumada; por el camino del río; en la huerta, donde las madreselvas rebosan de la tapia; en cualquier lugar en que se enfoquen nuestros sentidos, la naturaleza proclama exuberancia. En los trigales rojos de amapolas; en los cantos que invaden la atmósfera vibrante; en el verde, el amarillo, el malva, el violeta, el rosa, el morado… en el olor del saúco y el tacto dulce de las praderas… el recogimiento del invierno se ha transmutado en superabundancia.

Hoy no existen límites. Hoy solo podemos pensar en abundancia. Todas las capas se han resquebrajado y desprendido para dejar libre a una naturaleza que puja y se desborda. Desde cada uno de los puntos cardinales, se entona la sinfonía de la abundancia.

Se experimenta una sensación tal de fuerza, riqueza, energía vital, que la mente, todo nuestro ser, se abre de par en par a la certeza de una energía cósmica ilimitada y eterna. ¿De dónde procede esta vitalidad que rezuma del aire mismo, que nos hace respirar vida? No puede sino surgir de una fuente de energía infinita, que aquí, en el hemisferio norte, se derrama en junio como un chaparrón sobre nosotros.

A partir de hoy disfrutaremos durante varias semanas de este chorro de energía vital, pero en realidad este chorro mana continuamente, ininterrumpidamente. La riqueza, la prosperidad, son nuestras por derecho, porque formamos parte de una conciencia que tiene, entre sus características, la riqueza, la energía, el poder.

¿Por qué no sentimos siempre esas características como propias? Hace unos días, un querido amigo me dio la respuesta a esta pregunta. ¿Por qué no sentimos siempre que la riqueza y la abundancia nos pertenecen? Porque pensamos en términos de limitación. Él lo expresó de una forma contundente: “No pedimos suficiente”.

Sí, tiene razón, no pedimos suficiente. Su respuesta lleva implícita la sabiduría de que, como parte de esa conciencia, tenemos acceso a la fuente inagotable de la energía. ¿Cómo podría ser de otra forma si habitamos en un universo de energía? Un universo de energía condensada en las distintas expresiones materiales a las que nuestros sentidos se han acostumbrado: condensada en las formas del sol, de las flores del aligustre –cuyo aroma, penetrando por la ventana, me lleva a los veranos de la niñez en La Coruña– en el vuelo rapidísimo de los vencejos… en nuestra propia forma. Nosotros somos energía, vivimos en un mundo de energía y tenemos acceso directo a la fuente de energía inagotable que brota sin descanso desde el centro de la conciencia cósmica.

¿Podemos seguir pensando en limitación? ¡No! Borremos la limitación de nuestra mente. La fuerza vital no se derrama solamente hoy, en este día esplendoroso de junio; la fuente cósmica mana constantemente para nosotros, inagotable y perenne.

Desde la abundancia del alma,

Indrani

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