Cartas de Indrani

Queridos amigos,

Cae la noche y en la distancia se oye el ruido de una máquina empacadora recogiendo la hierba segada durante la jornada. Al amanecer, el ruido de las segadoras acompaña al día que se levanta. El frondoso valle del Torío ofrece ya su primera cosecha. La hierba extendida en los prados o envuelta en pacas cilíndricas o rectangulares, el olor del forraje, me llevan de nuevo a la abundancia, y a la fuente de la abundancia.

¿Cómo acceder a esa fuente? Paramhansa Yogananda creó un sistema de ejercicios para “beber” directamente energía vital del manantial cósmico; los llamó Ejercicios de energización. La base de estos ejercicios es la fuerza de voluntad. De hecho, formuló el axioma: “A mayor fuerza de voluntad, mayor flujo de energía”, aplicado a dicho sistema; en realidad aplicado a cada actividad que emprendamos. Este axioma nos dice que está en nuestra mano participar de la riqueza que nos corresponde como integrantes de la conciencia cósmica. Depende de nosotros, de nuestra “voluntad”, nutrirnos de ella o no.

Es nuestra voluntad, es decir, nuestra capacidad de elección, y también nuestra intención y nuestro deseo, lo que determina hasta dónde llegaremos en nuestro acercamiento a la fuente. Y resulta interesante la definición que el mismo Yogananda dio de fuerza de voluntad: “Deseo más energía dirigidos a un fin”. Esta idea de fuerza de voluntad como “deseo” la aligera, la hace muy practicable. No se trata de aplicar una fuerza, hacer un esfuerzo, contra nada; se trata de ir a nuestro favor: a favor de nuestro potencial, a favor de la vida, a favor de nuestra dotación como almas.

Y qué interesante también constatar el hecho de que la voluntad es ilimitada. No solo tenemos a nuestra disposición abundancia ilimitada, también tenemos la capacidad ilimitada de ir hacia ella, de llegar a ella.

En este momento entra en juego la segunda parte de la definición de Yogananda: a nuestro deseo tenemos que añadir energía. La energía de la empacadora, la segadora, el agricultor, convierten el pasto en forraje. Nuestra energía materializa nuestros anhelos y aspiraciones; y, volviendo al axioma, nuestra energía –como componente de la fuerza de voluntad– atrae más energía de la fuente cósmica.

Es la primera hora de la mañana, los vencejos pasan velozmente sobre los campos sin cesar de piar, parecen recargarse de energía con su vuelo, con la aplicación de su voluntad en la búsqueda de alimento. Su vitalidad incansable en el frescor de la mañana hace respirar energía y voluntad. Y plasma en el aire la convicción de que la energía y la voluntad son ilimitadas, y que cuanto más las pongamos en movimiento, más y más podremos beber de la fuente de la abundancia.

Desde la voluntad del alma,

Indrani

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