esfuerzo divino

Queridos amigos,

¡Llueve! Lluvia y en la montaña nieve. ¡Al fin!

Para quienes vivís en la ciudad quizá la lluvia no sea un motivo de júbilo, ¿puede resultar incluso oscura y depresora de la energía? En el campo, donde hay una mayor cercanía, casi identificación, con la naturaleza, se acoge como una bendición. En el campo uno pasa a ser un poco el río, las tierras de cultivo, el cultivador y las semillas anhelantes. Y la lluvia viene a limpiar, purificar, llenar, engrosar, despertar. Viene a nutrir y preparar para el momento de esplendor.

Sí, disminuye la luz, pero el agua hace brotar la gratitud de la naturaleza que ansía revivir. Caminando por el bosque casi puede sentirse la calmada dicha con que recibe el agua. En los cultivos la tierra abandona su dureza de los últimos meses y se dispone a ablandarse. Los pájaros permiten que el agua resbale por sus plumas. Y el río expande plácido y silencioso las ondas que forman las gotas de lluvia sobre él. La vida se deja empapar dulcemente, sabiendo que éste es el alimento que le permitirá manifestar su potencialidad. Y en este camino de perfección que nosotros elegimos al elegir vivir en el alma, me hace pensar en los momentos en que parece llover en nuestro interior. En los momentos en que decrece la luz, cuando creemos nuestros anhelos truncados y no percibimos la meta. Pero, lo que gotea dentro de nosotros, ¿no es la lluvia de nuestros esfuerzos?

Entre los dichos de los Maestros que más me confortan, se encuentra este consejo de Lahiri Mahasaya: “¡Esfuérzate, esfuérzate, un día la contemplarás, la meta divina”!

La perfección es nuestra meta, debemos esforzarnos por alcanzarla, ¡nuestra meta divina! Y cuando alguna experiencia, un error, un estado de ánimo, vengan a dejar patente que no somos perfectos, debemos pensar que “todavía” no somos perfectos; “todavía” no hemos alcanzado la perfección. Pero ella está latente, engrosando con la lluvia purificadora de nuestros esfuerzos.

Si tu aspiración es fuerte, los momentos de lluvia serán sólo momentos de espera; pero no de espera pasiva, será la espera cargada de vitalidad de las semillas que ocultas bajo la tierra engordan, se enriquecen.

Las semillas quieren revivir, los árboles que retiraron su energía en otoño quieren expresar la vida, nosotros queremos llegar a Ser. Anhelamos el estado de Satchitananda, ser siempre-existentes, siempre-conscientes, siempre-nueva-dicha. Nutramos nuestro precioso anhelo con la lluvia de nuestro esfuerzo. Muy pronto lo veremos germinar.

En la dicha del alma,

Indrani