La crecida

Queridos amigos,

¡Cómo llueve! Cómo estarán llenándose las regueras, los arroyos, los ríos, ¡la vida!, ¡el mar!

Ayer, por la orilla del Torío, un hombre con su hijo y su sobrino, conozco su parentesco porque viven en este pueblo, recorrían el camino en bicicleta. Uno de los niños iba muy adelantado, y al acercarse a un pequeño puente gritó con entusiasmo: “¡Vamos a ver la crecida!”. Cómo me gustó su magnífico entusiasmo y su término: “la crecida”. Hoy, esta lluvia densa, continua, poderosa, que me lleva a la vida llenando los cauces de agua, trae de nuevo al niño en bicicleta y su excitación por la crecida. Y me hace pensar en nuestra crecida.

Existe un momento en la relación entre Jesucristo y San Juan Bautista que me resulta profundamente conmovedor y, al mismo tiempo, sorprendente, impactante. San Juan dice refiriéndose a Jesucristo: “Él tiene que crecer y yo disminuir”. Me impresiona la humildad de Juan y me conmueve; me sorprende, me impresiona y me impacta su enseñanza. Jesucristo, como avatar, estaba destinado a manifestar la Conciencia; Juan, en su papel de un "simple" santo, tenía que rebajar su ego para llegar a manifestarla. Nosotros queremos crecer, tenemos que crecer, pero quizá antes debamos disminuir, quizá debamos despojarnos. No tanto de vestiduras externas, como hizo el mismo Juan el Bautista, sino de los ropajes interiores de los que él trata realmente; los ropajes de nuestro cerebro, de nuestro corazón, de nuestro ego.

La naturaleza ha pasado varios meses desprendiéndose para crecer, y ahora que comienza a rebosar puede ser un ejemplo lleno de fuerza para nosotros.

Analízate profunda y honestamente, con veracidad y, no sé si decirlo, con severidad; disecciónate como los grandes Maestros hacen con sus discípulos más amados, y corta las amarras del ego. No son fáciles de soltar, y a veces ni siquiera son fáciles de ver. ¿Es posible, por ejemplo, que determinada amistad que puede parecer como mínimo inofensiva, sea una amarra del ego? El deseo de que los demás reconozcan tu trabajo, ¿no es legítimo? Esperar la aprobación de los demás, ¿es un error? En cuántas conductas a simple vista razonables, se esconde el ego. Con qué sutileza nos ata.

Pero ha empezado la estación de la crecida y no vamos a permitir que nuestro cauce quede seco. Vamos a hacer una implacable labor de limpieza, ¡aunque pueda resultar dolorosa! ¡Manos a la obra! Quitemos todos los obstáculos del río de nuestra vida. ¡Tenemos que crecer! ¡Queremos crecer!

Desde la crecida del alma,

Indrani