Panta res

Queridos amigos,

El río continúa llenándose. Cada día más caudaloso, cada día más rápido. Desde las montañas y el valle, la nieve y la lluvia lo alimentan de agua verde-traslúcida que pasa en ondas casi atropellándose. Pasa constante, día y noche, sin un solo instante de detención, rauda, imparable.

El Tao-Te-Ching dice que el maestro hace su tarea y se retira. El Bhagavad Gita dice que es un yogui quien actúa sin esperar el fruto de sus actos. Ambos hablan del no-apego. Y el río nos lo muestra. Desde luego no-apego a las posesiones y las personas, pero finalmente no-apego a nosotros mismos: a nuestro cuerpo, a nuestra personalidad, a nuestras emociones, a nuestros errores, a nuestros actos.

Si quieres entrenarte en esta práctica, observa el río desde la orilla. Largo rato. Primero con los ojos abiertos, si tienes la fortuna de contar con un río real, quiero decir físico. Imprégnate de la imagen del agua que pasa. “Panta res”, todo fluye. Grábalo en tus ojos y en tu cerebro; el agua fluyendo, el agua corriendo sin dejar nada tras sí. Después cierra los ojos y sigue viendo el agua que fluye ante tu frente. Largo rato. A continuación lleva esa imagen a tu corazón. Observa allí el agua que pasa. Abandona en ella tus tareas terminadas, como el maestro taoísta; deja que se vayan. Abandona en ella tus actos, como el yogui; permite que la corriente se lleve sus frutos. Abandona en ella tus circunstancias, tus errores, tus emociones; ¿por qué atarte a ellas?

Panta res, si todo fluye, nosotros formamos parte de ese todo, ¡qué sentido tendría oponernos a la fluidez! Es absurdo aferrarse a lo que pasa, sean nuestros hijos, nuestra casa, nuestras emociones, nuestro propio cuerpo. Vete al río, o visualízalo, y observa. Practica el dejar que las cosas corran por el agua. Poco a poco comprobarás que todo va afectándote menos; todavía mejor, que poco a poco no va afectándote nada.

Observa el río, panta res, abandona en la corriente tus apegos y tus actos. Mientras contemplas cómo se alejan aguas abajo, sentirás cada vez más que tú permaneces en la orilla, en tu centro, en tu alma intocada.

Desde el río del alma,

Indrani

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