cartas de Indrani

Queridos amigos,

Esta semana estuve de nuevo en Londres y volví al parque desde el que os escribí hace un mes. Entrar fue sentirse recibida por la primavera más exultante. El camino que lleva desde la puerta hacia el centro del parque estaba engalanado de cerezos japoneses en flor: nubes de cientos de pompones rosas un poquito por encima de la cabeza, un acolchado túnel formado con el bellísimo y sutil material de las flores.

Qué dicha caminar por el más delicado pasillo por el que quizá he pasado nunca. Al levantarse la brisa, las ramas se agitaban dulcemente y dejaban caer una lluvia de pétalos, ingrávida y rosa. ¡Qué maravilloso regalo!

De pronto, durante un instante, una sombra de tristeza pensando en las flores, ¿por qué tienen que deshojarse? Y un ligero movimiento de pesar hacia la naturaleza por prestarse a ello. ¡Qué absurdo! Los pétalos se dejan llevar por el viento porque ya está formándose el fruto. Si te acercas a una flor podrás verlo, una minúscula bolita verde aparece pujando en el cáliz. Qué absurdo juzgar a la naturaleza por proseguir su desarrollo. Vuelve la alegría de los pétalos danzando en el aire.

Y cómo se abre el corazón al no juzgar. Siento que algo interior se suelta, se relaja, y decido hacer de “no juzgar”, no sólo una dirección, sino una meta cercana hacia el alma. No juzgar a la vida, no juzgar a nadie. Cambiar el juicio, primero por la aceptación, y después por la comprensión. El cerezo se desprende de su pura belleza, ¿lo juzgaré por ello? No, me dejo impregnar por el espectáculo, tan sutil, que me hace pensar en un espectáculo astral. ¿Y si me pregunto por qué lo hace? ¿No se deshoja para fructificar?

Las personas con quienes convivimos, con quienes nos cruzamos, nosotros mismos, estamos en un proceso de fructificación. Quizá veamos actitudes que en un primer impulso no nos gustan o comportamientos que si seguimos ese primer impulso nos conducen al rechazo; no juzguemos, ¡qué alivio para nuestro corazón! Y si queremos ir un poco más allá, tratemos de comprender, ¿cuál es el motivo profundo que desencadena esa conducta? Si lo descubrimos tal vez podamos incluso prestar ayuda. En cualquier caso mantener una actitud serena, de no juzgar, traerá paz y gozo. Y nos preparará para ver a Dios en los demás.

Hoy es domingo de Pascua, éste es un precioso momento para empezar a ver a todos, sea cual sea la situación, como una manifestación de Dios. El segundo mandamiento de Jesucristo, semejante al primero, fue “ama al prójimo como a ti mismo”. Y Paramhansa Yogananda explica que Cristo quería decir “porque eres tú mismo”.

Desde el alma, que no juzga,

Indrani

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