cartas de indrani

Queridos amigos,

Ahora que la primavera se ha afianzado, comienza para mí una nueva etapa en el ciclo anual, ya comenzó ayer: la huerta. No es fácil explicar lo que se siente trabajando la huerta, quizá sólo quienes lo hacéis podáis comprenderlo. Lo que a mí me sucede, es que en cuanto me agacho hacia la tierra me pongo a cantar. Es un mecanismo automático, incluso con la azada, doy un golpe y brota el canto. No sé qué clase de resorte activa este prodigio, pero cultivar la huerta me abre el corazón ¿Quizá esta labor suprime una barrera entre la tierra, entre la naturaleza, y yo?

Sí, alguna compuerta se levanta, porque cultivar la huerta despierta en mí el amor. El amor, no a una persona o personas concretas, sino el sentimiento mismo del amor. Con el amor viene inmediatamente el canto, la alegría y la expansión. Y si esto lo produce cultivar la huerta, cuánto más no lo producirá cultivar directamente el amor. Cultivar el amor supone el fin de todo sufrimiento y la entrega a la dicha, de ahí que sea una de las prácticas más elevadas de todo sendero espiritual.

Lleva a tu vida esta bellísima práctica. Piensa en alguien a quien desees enviar amor. Con la mirada elevada, visualiza a esa persona en el ojo espiritual, en el entrecejo, o visualízala frente a ti. Desde tu corazón, comienza a proyectar hacia ella rayos de amor. Sentirás que tu corazón empieza a calmarse. Como al contacto de una caricia, se ablanda, y la dulzura se vierte sobre él, llenándolo poco a poco hasta colmarlo. Entonces, como para recibir una cantidad mayor de esa miel, comienza a ensancharse, se agranda mucho más allá de tu cuerpo, y a medida que se expande desvanece toda separación entre esa persona y tú. A medida que se agranda, la calma, la dulzura, la ausencia de límites, van convirtiéndose en tu realidad. Tú pasas a ser ese dulce y brillante sentimiento de dicha en expansión.

En cualquier circunstancia de tu vida, recuerda que lo único importante es qué hay en tu corazón. Las situaciones externas son relativas, el amor es absoluto.

Cuando se presenten dificultades en tus relaciones con los demás, siempre que experimentes una vibración de animadversión de alguien hacia ti o de ti hacia otros, cultiva el amor de tu corazón. Visualiza a esa persona en el ojo espiritual, o frente a ti, y desde el centro del corazón irradia tu amor.

Hay un episodio en la vida de “fray escoba” que me parece un preciso modelo a seguir. San Martín de Porres es despreciado por una persona en presencia de un amigo suyo, él responde al desprecio con deferencia y amabilidad, y cuando su amigo le pregunta asombrado por qué lo hace, responde: “Porque tengo que poner el doble de amor, mi amor y su amor”.

Cuando amas a quien te critica, a quien te persigue o trata de rivalizar contigo, a quien se queja de ti, tu alegría y expansión llegan centuplicadas. Envía amor también a quien no te ama, porque “si sólo amáis a quienes os aman, ¿qué recompensa tendréis?”.

Desde el amor del alma,

Indrani

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