Cartas de Indrani

Queridos amigos,

¡Qué gran misterio la vida! Este pequeño ser individual, consciente de su individualidad, que al mismo tiempo parece estar situado en el centro del universo.

Después de semanas de sequía, en los últimos tres días cayeron algunos chaparrones; también hoy pudimos gozar momentos de lluvia, y la tarde avanza entre nubes y luz suave. Por el camino del río se respira el aroma de la tierra refrescada; al pasar la iglesia, ya inunda el frescor un poco acre y al mismo tiempo balsámico de las flores del espino. La lluvia desprendió muchos de sus pétalos, y en el primer recodo del camino tienden su alfombra blanca.

Qué delicia comenzar el paseo con esta bella escena, los árboles, que empiezan a tupirse, abovedan el camino sobre el blanco manto floral ¿Podría existir un recibimiento más amable para el paseante?

Enseguida, tras esta entrada humildemente bella, la sinfonía de los pequeños pájaros. Hoy la vida se derrocha. En el camino que atraviesa la chopera, un nuevo manto blanco, esta vez un velo de algodón. Los frutos algodonosos de los chopos tejen un delicado velo que cubre el suelo como de nieve cálida, y cuando el sol sale entre las nubes, lo hace brillar intensamente.

Al asomarme al río, una escena mágica más. Las bolas de algodón caen de los árboles al agua blandamente. Pero antes de caer flotan en el aire sin prisa, después se mecen descendiendo despacio, al llegar a la superficie se posan de repente y por un instante se detienen antes de dejarse llevar por el agua. Me parece que se depositan voluntariamente en el agua para viajar con ella a tierras desconocidas y germinar allí.

Entro en un prado un poco por encima del camino, me detengo. Las cigarras cantan, impregnan completamente la atmósfera por un momento, pero al escuchar, la orquesta de pajarillos se impone: trinos, gorjeos, chasquidos, silbidos, en los bajos, el croar de las ranas; una cigüeña planea silenciosa sobre este concierto, describe círculos sin esfuerzo en lo alto. Todo está dentro de mí.

Regreso al camino. A esta altura hay una pequeña represa, me acerco a la orilla del agua por debajo de ella. Desde aquí se ve avanzar hacia nosotros, en un plano por encima de la presa, el manto blanco de los frutos del chopo, su velo delicado y continuo se despliega por el cauce ya enmarcado en verde. Ésta es una tarde de maravillas.

De nuevo en el camino, una brisa limpia, suavemente fresca, bate las hojas tiernas en corazón de los chopos, trae el dulce aroma de la grama de olor; las nubes se abren, un rayo de sol calienta con ternura. Cierro los ojos y este mundo cargado de vida que me rodea está dentro de mí. La cigüeña, el olor, la brisa, el canto de los pájaros, el río, el manto de algodón, todo está en mi espina dorsal. Abro los ojos y experimento un sentimiento de perfección. En este atardecer todo parece haber alcanzado la plenitud.

 ¡Qué gran misterio este pequeño ser individual en medio de la creación! Todo en la creación es un símbolo de lo que existe en su interior.

Desde el alma de la creación,

Indrani

RECIBE LOS MOMENTOS DE INSPIRACIÓN DE CADA MES POR EMAIL SUSCRIBIÉNDOTE AL BOLETÍN (ABAJO)