cartas de indrani

Queridos amigos,

He vuelto al robledal desde el que os escribí en invierno, una primera tarde de verano. Al salir de casa, los rayos de sol sobre los brazos producen una grata sensación de calor, el corazón sonríe, ¡qué maravilla, el calor! Creo que sonríe también porque la robleda empieza a sólo unos pasos, y en ese calor del primer día de Julio disfruta ya del fresco bajo los árboles.

Qué gratitud, caminando por el bosque ahora bien tupido; el sol filtrándose aquí y allá entre las hojas aumenta, bajo la sombra, la dicha de la luz. Desde un ligero alto en la carreterita que divide el bosque, miro un poco hacia arriba y a lo lejos: todo es verde y azul; azul brillante, purísimo, verde intenso; todo es serenidad. Perfecta paz, calma perfecta al comenzar la tarde, belleza simple del cielo y el bosque endulzada con los múltiples aromas de las plantas en flor. El olor de las flores del castaño, que impone su figura magnífica, fuerte y armoniosa en los claros del bosque, se dulcifica con los aromas fragantes de las florecillas de los prados y las lindes.

En esta hora, toda implicación en los remolinos de la vida desaparece, todo sube y baja se ha detenido, cualquier agitación de chitta, con sus reacciones a las circunstancias externas, se aquietó. Según Patanjali, y según Paramhansa Yogananda, la identificación completa con nuestra alma, o de nuestra alma con la Conciencia cósmica, llega cuando los vórtices de chitta, nuestros sentimientos primarios, se neutralizan. ¿Qué os parece, si al comenzar el verano, nos disponemos a no involucrarnos en las circunstancias externas, a no reaccionar ante ellas? Si algo o alguien en tu vida levantan remolinos en tus sentimientos, la próxima vez que los remolinos estén a punto de desatarse coge a chitta de las riendas y no le permitas que se zambulla en ellos.

Yogananda cuenta que en su adolescencia era víctima de las burlas de sus condiscípulos; sabiendo que se irritaba con facilidad, le “pinchaban” continuamente para que saltase. Cuando fue capaz de controlarse y no “arremeter” contra ellos, sus compañeros dejaron de molestarle. Un conocido me contó también que sufría constantemente por el comportamiento que cierta persona tenía hacia él, cuando dominó sus reacciones a tal comportamiento, esa persona desapareció de su vida.

Al comenzar el verano, pongamos en práctica esta faceta del autocontrol y disfrutemos entonces de la serenidad de una primera tarde suavemente cálida de Julio, de su perfecta armonía verde y azul, de la serenidad de nuestra alma.

Desde el comienzo del verano del alma,

Indrani

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