Cartas de indrani

Queridos amigos,

El ambiente es suavemente nublado y cálido. Una fina capa gris se deja caer sobre el día, y los bosques intensamente tupidos que van pasando de montaña en montaña parecen beberla.  Viajo por Asturias, por la cuenca del río Sella. Éste es el final del  verano. De tramo en tramo se anuncian descensos en canoa por el río. Las embarcaciones de color rosa, amarillo, azul,  llaman la atención apiladas en entramados metálicos, casi todos completos, y esta falta de solicitud de canoas acentúa la sensación del verano que se acaba. Sólo después de Llovio hay movimiento alrededor de las canoas; el río describe un amplio meandro y una pandilla de chicas y chicos se adentra en el agua. Aprovechan los últimos días del verano, y quizá también los últimos días antes de comprometerse con su primera decisión “de peso”, la que responderá a la pregunta: “¿Qué vas a hacer en la vida”? o, un poco más dramática: “¿Qué vas a ser en la vida?”.

Sí, ésta es realmente una decisión “de peso”, exterior e interiormente. Y en cuántas ocasiones da vueltas y vueltas en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestro ser. ¿Cuál es nuestra misión en la vida?

Por lo que a mí se refiere, ésa ha sido una pregunta recurrente a lo largo de años y que me ha  llevado a estudiar Biología, dar clases de Matemáticas, querer escribir, estudiar violín, ser profesora de Enseñanza Secundaria, prepararme para impartir yoga… preguntándome siempre cuál es mi misión en la  vida.

Una mañana estaba sentada en silencio después de meditar. No había hecho la pregunta en aquel momento, ni antes de comenzar a meditar o durante la meditación; ni, que recuerde, la había hecho desde hacía algún tiempo. Sin embargo, en aquel instante de suspensión recibí la respuesta; llegó clara, serena, irrevocable: “Tu misión es dar amor”.

La incertidumbre de años buscando una respuesta quedó resuelta. Mi misión no se relaciona con ninguna profesión, orientación laboral, servicio concreto; no se relaciona con ninguna actividad externa. No se encuentra en impartir clases de Matemáticas, escribir o enseñar yoga, trabajar en la huerta o limpiar la sala de meditación; mi misión es dar amor.

Sé que cuando digo “mi misión” estoy hablando de cada uno de vosotros, de cada ser humano. Sé que todos, cada uno de nosotros, tenemos una única misión, una misión sagrada, “dar amor”.

Desde el amor del alma,

Indrani

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