cartas de Indrani

“Ni el gorrión ni el grano de arena caen sin que los vea”

-          Paramhansa Yogananda

Queridos amigos,

En una ocasión Iria y Javier, dos amigos muy queridos, asistieron a un retiro de Ananda en Ávila. Al terminar el retiro tenían unas horas libres antes de que saliera su tren de vuelta a casa y decidieron conocer la ciudad. Estaban en la calle pensando hacia dónde dirigirse, cuando una mujer mayor se acercó a ellos, les preguntó si querían visitar la ciudad, y se ofreció a servirles de guía; lo cual hizo con todo interés. A quienes hayáis leído Autobiografía de un yogui esta historia os resultará familiar.

Hace quince días participé en un retiro de Kriya en Ananda-Asís. En cierto momento me crucé con una persona, tengo que decir “altamente evolucionada”, a quien sólo había visto una vez, bastantes años atrás, en la India. En aquella ocasión ella estaba en el escenario de un salón de actos y yo, sentada entre decenas de personas, formaba parte de la audiencia. Esta persona, desde luego, no habla mi idioma, y vive a varios miles de Kilómetros de León. Bien, poco después de cruzarnos en el camino que conduce hacia el Templo de la Luz, el actual templo de Ananda-Asís, se acercó a mí y me ofreció su guía en este sendero que conduce a la ciudad interior. Y está guiándome, de su mano siento que un haz de luz ha venido a envolverme.

Cuántas veces quizá también vosotros hayáis recibido esta guía inesperada.

¿Alguna vez os habéis sentido solos o perdidos? Jesucristo dijo: “¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre...”. Paramhansa Yogananda parafraseó esta extraordinaria enseñanza en su poema Samadhi: “Ni el gorrión ni el grano de arena caen sin que los vea”.

Qué sublime protección. Jesucristo continúa de forma que no puede cabernos duda de ella: “… hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados”. No estamos solos. Si ni el gorrión ni el grano de arena caen sin que la Conciencia Cósmica sepa de ellos, cuánto más cuidados estaremos nosotros, seres humanos, en quienes bulle el anhelo del alma de retornar a Ella.

Desde el alma, tan amorosamente cuidada,

Indrani

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