cartas de Indrani

Queridos amigos,

El verano se va dulcemente al finalizar Septiembre, como alguien que abandonara plácidamente su cuerpo tras una vida plena. Caminando hacia la colegiata de San Isidoro, me descubro haciéndolo también suavemente, sin tocar apenas el suelo. Me dejo impregnar por la luz todavía cálida y esto aumenta el sentido de ligereza, y hace surgir el deseo de fundirme en la luz; trato de hacerlo, de impregnarme más, de abandonarme a ella hasta sentirme en esa cálida luminosa ingravidez.

Entro en San Isidoro y, como siempre desde aquel momento, recuerdo el día que me senté allí junto a Kirtani Stickney. Kirtani había venido a León a dirigir un retiro, y quise enseñarle la basílica. Nos sentamos en un banco cerca del altar para disfrutar durante unos minutos del silencio. Cuando íbamos a levantarnos le dije que en la urna situada por encima del altar descansaban los restos de un santo, San Isidoro de Sevilla. Entonces ella, con sus amorosos ojos y su amorosa sonrisa, me comentó: “Por eso al entrar sentí la necesidad de descalzarme”. Al oírla quién no sentiría el deseo de descalzarse; quién no querría quitarse los zapatos para no lastimar con el polvo de la calle la pura vibración de aquella gran alma; y quién no sentiría reverencia por Kirtani, capaz de percibir la pureza hasta tal punto.

A la puerta de San Isidoro suele haber algún mendigo pidiendo limosna. Hoy, en el rincón de la izquierda estaba sentada una mujer joven cubierta con una pañoleta, parecía de algún país del Este, quizá rumana. Le di una moneda al salir, y al recibirla inclinó la cabeza mientras me sonreía, como si dijera: “Mi alma se inclina ante tu alma”. Su gesto de reconocimiento atrajo magnéticamente el mío: “Mi alma se inclina ante tu alma”. Sí, namasté. Qué dicha comunicarse de alma a alma, reconocerse como almas.

Ésta es una práctica para nuestra vida, inclinarnos ante el alma de toda persona con quien nos encontremos. Éste es el sendero de todo ser humano en su relación con los demás, comunicarse sencillamente de alma a alma con todos, en todo momento; percibir profundamente, como Kirtani, la grandeza del alma.

Mi alma que se inclina ante tu alma,

Indrani

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