cartas de Indrani

Queridos amigos,

La Naturaleza nos regala momentos tan bellos, tan asombrosamente fascinadores, que parece como si nos dijera: “¡Para ti!”. Ése fue el amoroso sentimiento que tuve esta tarde.

La entrada al paseo del río está flanqueada, por el Oeste, por una chopera. Cuando llegué allí el sol estaba justo detrás de los árboles y los iluminaba con sus haces dorados del atardecer proyectándose entre los troncos. Me detuve a contemplarlos mientras comenzaba a soplar una suave brisa; a su dulce soplo las hojas se desprendían de las ramas, se dejaban flotar en el aire dorado, y eran llevadas en volandas por él, su precioso amarillo brillando al sol las convertía en danzantes hojas de luz; ante mis ojos admirados se ejecutaba una maravillosa danza de hojas de luz sucediéndose como en esos bailes en que los bailarines, en filas, van saliendo unos tras otros. Era tal la maravilla, que allí, bajo los árboles, no podía sino sonreír, reír, y sentir el obsequio de la Naturaleza: “¡Para ti!”.

Generalmente, cuando nos enfrentamos a una prueba, la actitud es “que se aleje”, “que se vaya”, “que no tenga que pasar por ella”. Pero si nos detenemos en medio de las emociones que despierta y la observamos desde un centro de calma, oiremos en nuestro interior: “Sigue adelante, al final te espera la libertad”. Querríamos evitarla y al mismo tiempo tenemos la intuición de que pasar ella nos reforzará, nos centrará, nos dará comprensión y sabiduría, nos hará más libres.

En una ocasión, alguien oyó a Sri Gyanamata, una gran discípula de Paramhansa Yogananda, orando: “No cambies las circunstancias de mi vida, cámbiame a mí”. Siempre he encontrado su actitud tan valiente, que he tratado de tomarla como ejemplo. Y cuando ante una prueba el pensamiento: “Llévatela de mí”, quiere imponerse, intento ampararme en la fortaleza de Sri Gyanamata, traer su ruego a mi mente y anclarme en él: “No cambies las circunstancias de mi vida, cámbiame a mí”.

Sé que existen circunstancias realmente difíciles, que requieren de una voluntad casi heroica para no pedir evitarlas. Pero tengo la certeza de que si nos enfrentamos a ellas, por mucho que nos cueste, la libertad es la recompensa a nuestro esfuerzo. Y sé también que en el camino la Madre Naturaleza nos espera con sus regalos. Perseveremos en nuestros esfuerzos para que ese día en que al entrar en una chopera la Naturaleza ejecuta para nosotros una danza de hojas de luz, sea nuestro día a día: “¡Para ti!”.

Desde la danza de Luz del alma,

Indrani

RECIBE LOS MOMENTOS DE INSPIRACIÓN DE CADA MES POR EMAIL SUSCRIBIÉNDOTE AL BOLETÍN (ABAJO)