Cartas de indrani

Queridos amigos,

El invierno ha llegado repentinamente, ¿llega nunca de otro modo, al menos aquí, en León? En medio del otoño templado se cuela algún día un poco más frío, se va y regresa el otoño, y cuando creemos que se estableció firme de nuevo, un viento gélido se deja caer de la montaña, barre el valle y quedamos tiritando. A la mañana siguiente los tejados y los campos aparecen helados.

El jueves pasado se desprendió sobre nosotros la primera inapelable helada invernal. Cuando la luz del día trajo a la vida el paisaje, las tierras desde mi ventana hasta el río eran una gruesa manta de cristal blanco. Su cristalino intachable blanco se ensanchó en mi corazón y me transmitió la imagen de la pureza de corazón. Aunque no fue exactamente una imagen, fue algo más palpable, quizá fue el sentimiento, o incluso la certeza, de la pureza de corazón.

Al reflexionar un momento sobre lo que había experimentado, me pareció extraño que la consistencia dura del hielo me hablara de pureza de corazón; así que cerrando los ojos para sentirlas profundamente, traje a mí la visión de las tierras heladas. Apareció la blancura, el silencio y la imperturbabilidad; una sensación de distancia y detención de todo movimiento, de toda agitación. De nuevo me comunicaron pureza de corazón y me hicieron sentir tal pureza, no como algo blando y sin fuerza, sino como una llana y transparente fuerza interior.

Ayer leí el sueño de Salomón en que Dios se le presenta para decirle: “Pídeme lo que desees”. Y Salomón formula una petición algo chocante, pide “…un corazón que entienda… para discernir entre el bien y el mal”. ¿Un corazón que “entienda”? Dios le responde: “… cumplo tu ruego y te doy un corazón sabio e inteligente…”. Un corazón que entienda, un corazón sabio e inteligente que discierna entre el bien y el mal.

Este pasaje bíblico me ayudó a comprender el sentimiento que suscitó el campo escarchado. La pureza de corazón es entendimiento, es la calma ante los acontecimientos de la vida que transmite el silencioso paisaje helado. Swami Kriyananda la relaciona con el no-apego y dice que cuando el distanciamiento alcanza la perfección se convierte en pureza de corazón. La pureza de corazón es una actitud de distanciamiento ante las circunstancias, de sabiduría para elegir los caminos del alma, de claridad para tomar decisiones sin dejarse arrastrar por ninguna emoción.

Tratemos de obrar con pureza de corazón, intachable e interiormente desapegados en cualquier circunstancia.

Desde la pureza del corazón-alma,

Indrani

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