Cartas de Indrani

Queridos amigos,

El bosque, los sembrados, los setos, el cielo mismo, el color, han entrado en un periodo de reposo. En el canal que desde el Torío riega las huertas de León, las espadañas y los carrizos se han rendido al frío. En el prado por encima del río me asombran unas reminiscencias de alfalfa calcinadas por el hielo, ¿es posible que el próximo verano reaparezcan pujantes? Los árboles han perdido por completo sus vistosos atavíos otoñales y sólo les queda, como un abrigo, el verde oscuro de la hiedra.

Al acercarme a la chopera el cierzo hace rodar las hojas secas por el camino y cimbrea en lo alto las ramas desnudas. Me detengo a disfrutar el fuerte balanceo de las ramas que imprime vivacidad a la escena por lo demás estática. Y entonces entro en la catedral de chopos. ¿Habéis visitado las catedrales góticas que forman las choperas? Son esbeltas catedrales vivas, con decenas de naves largas y puntiagudas que te llevan a mirar hacia arriba y respirar; respirar elevación y libertad.

Pero, ¿es ésta una época mustia y de reposo? ¿O la naturaleza se ha retirado para disponerse a la transmutación? Al asomarme al río desde la barandilla donde parte el canal, las plantas se desploman cabizbajas, y de pronto, qué son esas bolas marrones que me obligan a gira la cabeza, ¡un junco en flor! Doy unos pasos, ¡un poco más allá alguien canta!, ¡un carbonero llama a su pareja!

La naturaleza se ha reconcentrado para transformarse y el junco y el carbonero se anticipan al futuro. Ésta puede ser también para nosotros una preciosa época de transformación.

Cuando mi madre, que profesaba la religión católica, leyó los libros de Paramhansa Yogananda, recibió un regalo, la idea de que el pecado no existe. Comprendió que nuestro camino hacia “el cielo” debe basarse, no en la supresión, sino en la transmutación.

¡Qué liberador pensar en la capacidad de transmutar! y realizar la transmutación. Si en tu corazón ha anidado algún sentimiento limitante, mira hacia arriba, hacia “el cielo” del ojo espiritual, y trae ese sentimiento desde el corazón al ojo único. Ofrécelo allí como en un altar de luz o de belleza o… como tú lo percibas. Siente que en este altar se transmuta en el estado en que tú quieres vivir ese sentimiento: en la misma luz, o en dicha, o en amor incondicional… Haz esta ofrenda cada vez que ese sentimiento contractivo venga a tu corazón; aunque solo pase por él como una ráfaga, atrápalo, llévalo hacia el ojo espiritual y transmútalo. Déjate impregnar por el gozo que se sigue. El gozo es tal, que probablemente te llevará a poner en práctica la transmutación a cada oportunidad que se presente. Y cuando sorprendas en ti un sentimiento que haga decrecer tu energía, te alegrarás, como dice Swami Kriyanda que se debe hacer al descubrir un error, porque ahora que está al descubierto podrás dirigirlo hacia la luz y transmutarlo.

Te darás cuenta de que no solo no existe el pecado, sino que los errores son un camino hacia la perfección.

Desde el altar del alma,

Indrani

RECIBE LOS MOMENTOS DE INSPIRACIÓN DE CADA MES POR EMAIL SUSCRIBIÉNDOTE AL BOLETÍN (ABAJO)