Cartas de Indrani

Queridos amigos,

¿El alma tiene color? ¿Será blanca?

Atravesando la Cordillera Cantábrica nevada, uno siente que el alma debe ser blanca. El alma es expansión, nobleza, libertad, y eso es lo que transmiten los altos picos, hoy especialmente rotundos, especialmente grandiosos con la nieve. La blancura inmaculada parece aumentar el tamaño de la montaña y su agudeza, pero sobre todo su fuerza, y llevarla a un estado más allá de toda idea de limitación.

Qué magnífico panorama, las blancas montañas sucediéndose; al contemplarlas el alma se abre, no, es la sensación de que alguna compuerta, probablemente mental, se abre, el alma aflora y sus rayos cubren la montaña, el silencio y la paz.

Viajo en coche hacia Asturias, ya solo con esta vista de las montañas me hubiera sentido feliz de hacer el viaje, pero me espera algo más. Al quedar la cordillera a la espalda, el purísimo blanco cambia a gris, un gris envolvente que termina licuándose en lluvia torrencial, plano tras plano de agua; todo desaparece alrededor, salvo el parabrisas y las luces del coche que va delante. Al acercarme a Avilés, cuando podía comenzar a formarse el pensamiento de una lluvia eterna, amaina ¡De nuevo surge el paisaje! y con él un magnífico arcoíris recorriéndolo de parte a parte, sus bellísimos colores haciendo brotar la sorpresa y el regocijo. ¿Por qué el arcoíris despertará siempre en nosotros ese sentimiento de alborozo casi infantil?

Al principio veo un arcoíris, ¡inmediatamente aparece otro concéntrico! ¡Dos arcoíris surcando juntos el cielo, duplicando el asombro y la alegría! ¿Por qué el arcoíris levantará en nosotros tales sentimientos? ¿Quizá sus colores, que nos llenan de admiración, son los colores de nuestra alma?

Durante varios kilómetros los dos arcoíris se mantienen frente a mí, parecen marcarme la entrada a una dicha creciente, como resplandecientes representaciones de los maravillosos colores y la dicha del alma.

En una curva la carretera cambia ligeramente de dirección, entonces me parece conducir hacia el paso entre los dos arcos, y la felicidad va en aumento. Cuando estoy ya a poca distancia del paso, los arcoíris comienzan a desvanecerse por un extremo y los veo disolverse en la atmósfera. Se van delicadamente y dejan el gozo grabado en mi interior, sus colores refulgentes como una patente réplica de la naturaleza del alma.

Los deslumbrantes colores del arcoíris forman parte de nuestra verdadera naturaleza; así somos, brillantes, asombrosamente llenos de color, maravillosamente gozosos.

Desde el arcoíris del alma,

Indrani

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