Cartas de Indrani

He vuelto a soñar, en esta ocasión “entresoñar”, con aves blancas ¡Por qué soy tan afortunada!

Sucedió durante el fin de semana, que pasé en Galicia; en Doade.

La casa de mis tías en Doade es, en este momento, el espacio que lleva más tiempo ligado a mi vida. Quizá por eso, porque la casa está unida a mí desde la primera infancia, me comunica una profunda quietud. Me basta con poner la mano sobre la manilla de la verja de entrada, para que cualquier preocupación –grande o pequeña– se desvanezca. Abrir la cancilla significa acceder a un plano de existencia en que me siento recibida amorosamente por la calma, abrazada por la calma, protegida en sus brazos.

Al atravesar la cancilla se entra en un patio del que parte una escalera; al final de ella se abren dos puertas: una da a la cocina, la otra al recibidor. Desde el recibidor se ve la sala de suelo de castaño encerado, parte de la alfombra y de la mesa octogonal, pero sobre todo, se ve en último término el balcón que derrama luz, tamizada por las cortinas de encaje, sobre la calma. A la derecha de la sala, un corto pasillo conduce a la habitación que yo ocupo. Cuando abro la puerta de cristales tallados de color naranja, otro balcón inunda de quietud mi corazón.

Fue en esta casa donde entresoñé con las aves blancas, en uno de esos momentos en que se te cierran los ojos y entras en un estado entre el subconsciente y el superconsciente.

En esta ocasión no se trató de un ave en solitario, ni de una pareja, era una bandada de aves blanquísimas en el cielo azul.  Y no volaban en ninguna dirección, sino que se movían, al menos en apariencia, caprichosamente, entremezclándose, describiendo figuras.  Totalmente libres y gozosas.

¡Podéis imaginar mi dicha al despertar! De nuevo aves blancas en mi vida; aves blancas y cielo azul. También ahora tuve la certeza de ser una de esas aves. Y podéis imaginar mi alegría al ver que no volaba sola, estaba volando en una bandada. ¿Quiénes eran las aves que me acompañaban? ¿Pertenecíamos a alguna clase de grupo? ¿Volaba con mis sinceros, fieles, amigos de este plano físico? Probablemente sí, quiero creer que sí. Esta era una promesa de liberación para todos.

En la Autobiografía de un yogui, cuando Swami Sri Yukteswar termina su relato del mundo astral, pide a Yogananda que lo difunda “por todas partes”; que alivie con esa esperanza el peso de los corazones humanos, cargados con los terrores de la enfermedad, la vejez y la muerte. Os cuento mi sueño con ese mismo objetivo: haceros llegar, en la medida de mis posibilidades, el gozo de esta promesa de liberación.

Desde el vuelo del alma,

Indrani

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