Cartas de Indrani

Queridos amigos,

Subir a la montaña supone encontrar encrucijadas a cada paso. Se comienza el camino ancho y bien trazado, y ni siquiera se piensa que en algún momento cambiará. Pero enseguida se presenta el primer dilema: hay que atravesar un hayedo, ¿cómo hacerlo? Atravesar un hayedo no siempre resulta sencillo, por la pendiente de las laderas donde crece y porque el manto de hojas secas se conserva todo el año: ¿se busca una senda?, ¡difícil encontrar una senda en un hayedo!; ¿conviene recorrerlo horizontalmente, o es mejor ir ganando altura a pesar del peligro de resbalar?; ¿quizá lo más sensato sea seguir el curso del arroyo que lo recorre? Tras el hayedo aparecen el matorral y los pastos, y varios senderos, ¿cuál tomar? Todavía no se divisa el pico al que queremos ascender, ¿cómo decidir el camino?

Al llegar a esta encrucijada, en el grupo suelen surgir distintos pareceres, y una ligera inquietud. Si tienes tu propia idea de cuál es el sendero correcto, y los demás te siguen, a la inquietud probablemente se sumará el peso de cierta responsabilidad: “¿y si es un camino equivocado?”. Pero si pones tu confianza en otra persona, y la sigues, ¡qué tranquilidad! Realmente no tiene gran importancia llegar a una cima u otra, así que te dejas guiar sin ninguna preocupación, ¡y disfrutas del ascenso!

¿Y ante las encrucijadas de la vida? Creo que también dejarse guiar es la mejor actitud. En la vida, nuestra guía pueden ser los amigos, la razón, nuestros recursos… todas ellas pueden resultar de ayuda; pero sobre todo, debemos buscar nuestra guía en esa conciencia que lo impregna todo y que, al participar en todas las cosas, tiene una visión completa de ellas: ve de forma completa nuestras circunstancias, nuestras necesidades, a nosotros mismos. Nosotros contemplamos solo una corta escena de nuestra existencia, ella contempla la película completa, nuestro drama completo. Y por lo tanto, ve también el final, la mejor solución a cada reto, el mejor camino en cada encrucijada, ¡y la meta!

Pero el paso previo a dejarse guiar en la vida, al igual que en la montaña, es la confianza.

El mes pasado una querida amiga se encontraba en una encrucijada. Tenía tres caminos frente a ella, y me pidió que los analizáramos juntas. En realidad ella sabía que más allá de ese análisis, o por encima de ese análisis, una fuerza superior, a la que llamaba la “Madre divina”, le mostraría el camino a seguir. No le cabía la menor duda de que sería así. Estaba totalmente segura de recibir la ayuda del universo, si queremos darle ese nombre, porque tenía plena confianza en una conciencia cósmica que forma la trama y la urdimbre de la creación. Se refería a ella con tanta claridad, con tanta convicción… Su absoluta confianza en esa conciencia, me conmovió. Nuestra conversación me transmitió la fuerza de un corazón puro.

Efectivamente, tal como ella sabía, unos días después me llamó para contarme cómo se había abierto uno de los tres caminos, que ahora se tendía cómodo a sus pies.

Estoy segura de que su confianza puso en movimiento al universo, que dispuso las partículas vibratorias en la forma del sendero que debía recorrer. La fuerza de su pureza no podía si no bordar ese sendero.

La confianza es la clave de una vida pura, y una vida pura pone al universo en movimiento.

Desde la confianza del alma,

Indrani

RECIBE LOS MOMENTOS DE INSPIRACIÓN DE CADA MES POR EMAIL SUSCRIBIÉNDOTE AL BOLETÍN (ABAJO)