Cartas de Indrani

Queridas amigas, queridos amigos,

El sol dorado de Septiembre comienza a ascender las colinas frente a mi ventana, y sus rayos, penetrando en la piedra de la espadaña, las hojas de los chopos, en cada objeto –animando e inanimado– que tocan, los convierten en resplandecientes focos de brillo y alegría.

Al terminar la meditación de la mañana, esta escena en la que vibra el sol, parece una imagen del estado interior, y lo realza. El brillo y la alegría se expanden desde las colinas y desde lo profundo del ser, vibran exterior e interiormente.

Con el paso del tiempo, la meditación extiende gradualmente su luz y su dicha para inundar la vida cotidiana, y tiende sobre ella un velo de paz. Cuando se presenta una circunstancia difícil, una inquietud, una ola que se levanta en la vida, esta paz te lleva, en primer lugar, a preguntarte: ¿Por qué se forma ahora esta ola? ¿Qué tengo que aprender? Te proporciona un suelo firme desde el que analizar la situación que se presenta, y también la fuerza, el coraje, para afrontarla. Si ante cada dificultad que aparezca en tu vida te planteas la pregunta: ¿qué tengo que aprender?, estás dando ya un gran paso hacia su superación. Y después viene el coraje para seguir adelante, para dejar a un lado el ego, y aprender.

La paz de la meditación, sin embargo, extiende también su velo de una forma más sutil, como si allanara por sí misma las dificultades, como si una mano colocara delicadamente en su sitio cada pieza que se desencaja en la vida. Cuando el viento de las adversidades, grandes o pequeñas, quiere levantar una ola en tu interior, inmediatamente viene a decirte que todo fluye, y que fluye hacia el bien, la bondad, la luz. Inmediatamente sientes que “tu vida” queda a un lado, sientes que se desgaja de ti, y que tu verdadera vida, lo que tú eres realmente, más allá de cualquier circunstancia, continua fluyendo en calma.

Me gustaría compartir con vosotras, con vosotros, una práctica que, creo, puede ayudar a desarrollar ese sentimiento de fluir en calma. Consiste en poner nuestra vida en manos del Infinito. Al acostarte, al despertarte, en cada instante que sientas comenzar a formarse una ola, dirígete al Infinito –como tu Gurú, como Conciencia cósmica, como Dios, como tú lo percibas– y dile mentalmente: “Pongo mi vida en tus manos”. Visualiza esas “manos” en que depositas tu vida, puedes visualizarlas como unas manos físicas, y visualiza cómo abandonas tu vida en ellas. El Infinito solo puede guiar tu vida hacia el bien, la bondad y la luz, así que haz tu ofrenda con absoluta confianza, con total entrega. Ten fe absoluta en que el Infinito te guiará a la dicha perfecta.

Si haces esta práctica con regularidad, un día comenzarás a sentir que tu vida está en manos del Infinito, que sus manos la conducen a la meta que tu alma anhela. Y cuando un encrespamiento quiera formarse, al instante se deshará en calma.

Desde el alma en calma,

Indrani

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