Cartas de Indrani

Queridas amigas, queridos amigos,

En la ciudad, la luz envolvente de Septiembre es la gran creadora. Caminando entre los sencillos y armoniosos monumentos del casco antiguo, es su dulzura la que moldea las plazas, los volúmenes, las cornisas y los pináculos. Su balsámica luz embarga de una sensación de facilidad, de bienestar, casi de bienaventuranza.

La vida cotidiana está erizada de escollos, los encrespamientos del ego, y a veces nuestras mentes y nuestro corazón afilan sus aristas. Es también el ego, que se erige en nuestro juez, quien hace esas aristas cortantes. La vida cotidiana está erizada de dolor, y no siempre llegamos a ver hasta qué punto es, una vez más, el ego quien lo causa. Solo cuando tendemos la vista a lo lejos, mirando desde el alma, podemos darnos cuenta de que todo dolor procede de una visión desde el ego, pues el alma vive en dicha perfecta. Poco a poco, paso a paso, vamos desenvolviéndonos hacia esa dicha, pero mientras llega, debemos buscar una salida al dolor.

Inmersos en la luz de Septiembre, con la mente y el corazón en calma, surge un camino, de entre tantos, que conduce fuera del sufrimiento. Ante cualquier situación dolorosa en que el ego se empecine en imponerte su visión, dite a ti mismo: “Yo no puedo (salvar el escollo que se haya levantado en ese momento en tu vida), pero tú puedes hacerlo a través de mí”.

En una ocasión, Santa Teresa de Jesús se presentó ante el alcalde de una ciudad pidiendo permiso para fundar un monasterio. El alcalde le preguntó con qué medios contaba para la construcción, y ella, abriendo la mano, le dijo: “Con 2 pesos”. El alcalde, algo más que malhumorado, inquirió qué podía hacer con 2 pesos. Ella respondió que Teresa y 2 pesos no podían hacer nada; pero Teresa, 2 pesos y Dios, podían conseguir cuanto se propusieran. La fundación se llevó a buen término.

La fuerza de nuestro pequeño ser es limitada, y con mucha frecuencia insuficiente para vencer en las batallas que tenemos que librar en este plano material; pero la fuerza del alma no tiene límites. Si tu mente o tu corazón no son capaces de salir victoriosos de la contienda contra una circunstancia que los oprime, pide la intervención del Espíritu; échate a un lado y permite que sea su poder el que obre a través de ti, su poder infinito. No te angusties por tu incapacidad para resolver el problema o no sucumbir al dolor; deja que tu ego descanse, olvídate de él, y llama a las fuerzas del alma, que tomen ellas el mando; tus obstáculos se disolverán como lo hicieron los de Santa Teresa, y la dicha tomará el lugar del dolor.

Desde el alma, que lo puede todo,

Indrani

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