Cartas de Indrani

Queridas amigas, queridos amigos,

Si todo el camino a la orilla del río Torío es para mí un camino hacia el interior, hay ciertos puntos en él que actúan como puertas a una realidad de belleza, o puertas a la expansión, a la alegría, a la calma…

Uno de estos puntos es el bosquete de chopos al doblar la primera curva que, desde Villarrodrigo, entra en el camino. El cielo y los chopos suelen crear en ese punto escenas que hacen danzar al corazón. Ayer, los rayos del sol se colaban entre las ramas y formaban ese efecto de nítidos rayos de luz saliendo de un brillante foco, creando a su alrededor un halo de luz. Mientras me maravillaba con el efecto, comenzó a levantarse viento; soplaba a lo largo del camino, y detenida en medio del viento, me parecía que me llenaba de él, de su soplo de vida. El campo se encuentra ahora en pleno estío; los arbustos, la hierba, el camino, exudan sequedad; y en el viento sentía que la Naturaleza estaba hablando de su capacidad para dar vida, para imprimir de nuevo la vitalidad en su creación. Los rayos de sol haciendo titilar las hojas de los chopos, el viento, representaban la vida afirmándose.

El viernes, paseando con una querida amiga por este mismo camino, hablábamos de las afirmaciones que Swami Kriyananda creó para las posturas de yoga, del papel que pueden jugar en el bienestar de una persona, y la ayuda que pueden prestarle. Unos días antes, en clase de yoga, hicimos Utkatasana, la postura de la silla; la afirmación que creó Swami Kriyananda para ella, dice: “Mi cuerpo no pesa, es ligero como el aire”. Al terminar la postura, una alumna nos comentó: “Cuando tengo que subir escaleras, voy haciendo esta afirmación, y las subo sin ningún esfuerzo”. Vive en un piso sin ascensor, en su trabajo también tiene que subir escaleras, y la afirmación surge espontáneamente para llevarla “en volandas”. Entonces, otra compañera nos dijo que a ella le sucedía también que ante distintas situaciones, surgía, sin pensarlo, una de las afirmaciones de las posturas. A mi amiga, que reflexiona profundamente sobre el aspecto irreal-mental de nuestras circunstancias, del mismo modo, ante las dificultades, le surge automáticamente la afirmación de Balasana: “Me relajo de las implicaciones externas en mi refugio interior de paz”.

La Naturaleza afirma la vida, y nuestra alma se reconoce, y recuerda con alegría, las afirmaciones que hablan de su naturaleza. Os propongo practicar estas afirmaciones, porque el alma está deseosa de oíros recitarlas, de oíros recitar vuestras cualidades, de oíros recitárselas.

Cualquiera de las afirmaciones que Swami Kriyanda sintió para las asanas, o las que plasmó en su libro: “Afirmaciones para la autocuración”, o cualquiera de la afirmaciones de Paramhansa Yogananda, puede inspiraros a revitalizar vuestra alma, y a recordar lo que sois realmente.

“Viviré recordando lo que realmente soy: ¡dicha infinita!, ¡amor eterno!”.

Desde la afirmación del alma,

Indrani

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