Hacer vs. ser

Queridas amigas, queridos amigos,

El otoño es la época de las lluvias aquí, en este rincón de la Península Ibérica. Hoy llueve a cántaros. La naturaleza está descargando el agua que traerá la vida en primavera, y eso da al día una sensación de falta de apremio. Aquí, ahora, en este rincón, con la lluvia golpeando contra el tejado, se encuentran las circunstancias propicias para abandonar el “hacer”, esa necesidad que parece perseguirnos, y entrar en el “ser”.

Hace unos días, una querida amiga me hablaba de ese estado casi permanente de “hacer”. Me decía: «Te levantas a las 7 de la mañana, y ya empiezan las carreras. Hay que hacer el desayuno deprisa, después la ducha a toda velocidad, dejar preparado lo imprescindible de la comida para la vuelta del trabajo, salir de casa corriendo… Y ya no te detienes hasta la hora de acostarte ¿Qué sentido tiene estar siempre haciendo cosas, andar corriendo de un lado a otro?».

Cuando estaba construyéndose la casa donde vivo actualmente, participé en algunas partes de la construcción. Una de mis principales tareas fue impregnar las tablas que servían de suelo de un piso y techo del piso de abajo, con las substancias protectoras de la madera. La casa tiene más de 700 m2, todos los suelos/techos son de madera, y se daban 2 capas, así que fue mucha la madera que hubo que proteger. Ponía las tablas, de unos 5 m. de largo X 10 cm. de ancho, entre dos caballetes, y pasaba horas dando brochazos. El recuerdo que tengo de aquella labor es sumamente grato, porque mientras la hacía, pensaba que estaba preparando los suelos para la Madre divina. A veces pensaba en la Madre divina en sentido abstracto; a veces la Madre divina eran las mujeres que pisarían aquellos suelos, ¡y que han sido tantas desde entonces! El recuerdo que tengo de las tardes pasadas con la brocha, es el de vivir en un estado de paz y dicha.

Sí, el sentimiento que me traen aquellas tardes es el de haber “vivido”, no el haber “hecho”. Es decir, es el sentimiento de haber "sido”.

¿Te gusta planchar, por ejemplo? A mí sí, pero reconozco que a veces es cansado; así que, cuando siento que puedo cansarme de planchar, me dirijo hacia la Madre divina: estoy planchando para ella. Gran parte de la ropa que plancho es para mí misma, pero eso no es un obstáculo. Al contrario, al pensar que lo hago para la Madre divina, yo desaparezco, y el acto de planchar se convierte en un acto de devoción.

Esta puede ser una forma de cambiar el estado de hacer, por el de ser. Ofrece tus tareas a la divinidad, tal como tú la sientas, o bien ofréceselas a los demás. Cuando actúas de esta forma, abandonas tu pequeña persona vas más allá de tus autodefiniciones para entrar en contacto con lo que eres realmente.

Al decidir construir esta misma casa donde vivo, mi esposo y yo jamás pensamos en hacer una casa para nosotros; nuestra motivación fueron siempre los demás. Queríamos ofrecer a los demás un espacio donde meditar y llevar a la práctica las enseñanzas de Paramhansa Yogananda, y eso dotó de sentido al proyecto.

Lleva a cabo tus tareas trascendiendo lo que debas hacer sea lo que sea al ofrecérselas a los demás o, si tiene más sentido para ti, ofreciéndoselas a la Conciencia más elevada. Trasciende el sentido de “yo estoy haciendo”, por la maravillosa expansión que te hace ir más allá del ego, hacia una realidad que lo incluye todo.

Desde el alma,

Indrani

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