Tú eres amor

Queridas amigas, queridos amigos,

Hay momentos en las tardes de otoño, en que la luz crea sensaciones de calma profunda, de una quietud que trasciende el tiempo. En muchas otras tardes, las sensaciones son de pura luz, pura brillantez. Ayer, en ese momento en que el sol, antes de empezar a declinar, empapa las hojas de los avellanos y los chopos frente a mi ventana, la sensación era de amor. Las ramas de los árboles iluminadas de amarillo y naranja, se tendían como brazos en los que pudieras reposar amorosamente; la luz espesa y brillante del atardecer parecía colmarlas de ternura, y llamaban a abandonarse en ella.

A Paramhansa Yogananda le gustaba pensar en la Conciencia cósmica como en la Madre divina, capaz de amar siempre, bajo cualquier circunstancia. La luz de la tarde hacía sentir la Naturaleza como una auténtica Madre divina, dispuesta a dar su amor sin condiciones. Y me hacía regresar a la práctica de enviar amor. Visualizar a la persona, o a las personas, a quienes deseamos enviar amor y, desde el corazón, permitir que nuestro amor se expanda hacia ellas. ¿Nuestro amor? No. Es el amor de la Madre divina el que debemos dejar fluir por nuestro corazón, un amor ilimitado, incondicional.

Abrirse para enviar amor, ¿se puede pensar en una forma más elevada de relacionarse con los demás? Dar amor parece la posición más noble y expansiva que podemos adoptar frente a los otros. Sin embargo, en una ocasión leí a Swami Kriyananda hablando de la gran santa india Ananda Moyi-Ma, decía que ella no dabaamor, ella era amor. Al principio esto me produjo cierta confusión: ¿cómo era posible que no diera amor? Parecía casi frialdad por su parte, ¿ella era amor, pero no daba amor? ¿Cómo podían entonces recibir amor sus discípulos y los cientos de personas que se acercaban a ella en busca de amor?

Si practicas el enviar amor desde tu corazón, o si amas incondicionalmente de la forma que tú lo hagas, probablemente llegará un día en que sentirás que no tienes que dar amor, que tú eres amor. Si te sucede durante la práctica de enviar amor, de pronto te invadirá una enorme calma, seguida inmediatamente de un gran alivio y, después, de una gran liberación. Tu ser perderá su peso, sus contornos, toda forma. Te fundirás en un sentimiento de absoluta tranquilidad y expansión, y en su centro sabrás que no necesitas enviar amor, que tú eres amor.

Desde el amor del alma,

Indrani

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