Cambiar el mundo

Las últimas hojas del otoño se arremolinan a los lados del camino. De pronto sopla una ráfaga de viento que las hace correr, dar saltos, elevarse por encima de nuestra cabeza y caer, después danzar alocadamente hacia el río.

Tres grajos que litigaban sobre las ramas desnudas de un chopo, son arrastrados también, el viento los lleva en volandas un momento y a continuación los desploma sobre el erial.

Una querida amiga me habla de cómo el “viento” de la vida te lleva de aquí para allá. Los días se suceden con su trajín incesante, pasan los años, y de pronto, en medio del vaivén, te encuentras preguntándote cuál es el objetivo de tu vida.

Quizá hayas oído en más de una ocasión que el objetivo de la vida, para cada uno de nosotros, “nuestra misión”, si quieres pensarlo en estos términos, es cambiar el mundo. ¡¿Cambiar el mundo?! ¡¿Quién puede cambiar el mundo?!

Si pensamos en cambiar el mundo, enseguida nos vienen a la mente los grandes personajes que han cambiado el mundo: Gandhi, Martín Lutero King, la Madre Teresa de Calcuta… y tantas otras personas de la altura espiritual suficiente para mover a la humanidad; desde luego los Maestros iluminados. Pero, ¿nosotros? ¿Acaso tenemos nosotros alguna posibilidad de cambiar el mundo?

Hace algún tiempo, paseando por Santiago de Compostela, me crucé con tres monjas; una de ellas tendría alrededor de sesenta años, las otras eran dos mujeres jóvenes. Bajaban la empinada rúa de la Conga y yo la subía, así que estuvimos frente a frente durante unos minutos. La monja mayor iba en medio -como tutora o guía- su rostro era el rostro más puro que yo había visto nunca, y su pureza se manifestaba como dicha. Sus dos compañeras caminaban a su lado desbordando alegría -me parecía como si dieran pequeños saltitos junto a ella- y se percibía claramente que su alegría era una emanación de la pureza de su tutora. Un aura de dicha envolvía a aquella bellísima mujer y se expandía entorno a ella, comunicando dicha a su alrededor. No sé si aquella monja habría hecho grandes obras o no, pero sé que estaba cumpliendo su objetivo en la vida; su irradiación de dicha transformaba a cuantos entraban en contacto con ella. Estaba cambiando el mundo.

¿Por qué no cambiar también nosotros el mundo de la misma forma? No es necesario realizar hazañas impactantes, basta con irradiar las cualidades del alma.

Irradia paz cuando te encuentres en medio de un conflicto. Irradia alegría a tu alrededor cuando exista preocupación. Irradia calma cuando alguien desee provocar enfrentamiento. Irradia amor cuando llegue a ti una vibración de odio o de rechazo. Irradia amabilidad; haz saber a tus amigos que están presentes en tu pensamiento, préstales tu mano cuando la necesiten, escúchalos cuando deseen hablar.

Crea un aura de luz a tu alrededor. Todo en el universo está conectado; lo que tú irradias tiene un efecto en el universo, mucho mayor de lo que, probablemente, eres consciente. Irradia las cualidades de tu alma y tendrás una influencia bienhechora sobre el mundo. Cultiva las cualidades de tu alma y “cambiarás” el mundo.

Desde el alma, capaz de cambiar el mundo,

Indrani

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