Cartas de Indrani

Queridas amigas, queridos amigos,

Una gasa blanca de nubes cubre el cielo y vela la luz tenue de Diciembre. El bosque ha perdido completamente las hojas, sus ramas se extienden firmes en el silencio de la tarde. Cerca de la represa del río, las clemátides y las hiedras, ahora al descubierto, forman un enmarañado con los troncos y las ramas, y en la luz mortecina, dan al bosque un aspecto algo selvático. Una bandada de milanos se cierne en lo alto; se abandonan en las corrientes cálidas, se elevan y después se dejan llevar con total confianza, como si fuera la brisa quien decidiera a dónde ir; al pasar por encima de mi cabeza, su cuerpo brilla casi rojo recogiendo los débiles rayos del sol y abriendo el corazón a ese instante de luz intensa.

La desnudez del bosque, la forma en que los milanos se deslizan por el cielo, la quietud del paisaje bajo una luz quieta, comunican una total serenidad, la sensación de que nada es necesario, de que en este momento todo está completo en sí mismo. No solo está completo exteriormente, en este momento todo está completo también en el interior. En realidad, en todo momento cada uno de nosotros está completo en sí mismo, aunque no seamos capaces de percibirlo y creamos que para estar completos necesitamos “algo” más que a nosotros mismos.

Lo que normalmente creemos necesitar es a otra persona, y hacemos depender nuestra felicidad, primero, de que esa otra persona exista, después de que responda a nuestras expectativas sobre ella o a nuestras exigencias respecto a ella. También creemos necesitar determinados bienes. Creemos necesitar un cierto número de posesiones, aunque no sean grandes posesiones. Pero sobre todo creemos necesitar bienes inmateriales: reconocimiento, respeto, amabilidad, generosidad…

Hace varios años, oí un poema de la madre Teresa de Calcuta que me hizo sentir hasta qué punto desear estar completa en mí misma. No he tenido oportunidad de volver a leer el poema nunca más, pero en mi recuerdo la santa pedía no necesitar ser amada ni odiada, alabada ni censurada, aceptada ni rechazada… Pedir no ser alabada, amada, admirada, aceptada… parece una petición que entra dentro de los términos de la razón; no es una petición fácil, pero sí comprensible. Pero pedir no desear tampoco ser odiada, ni censurada, ni rechazada, ni despreciada… ¿qué sentido tiene? Tiene el sentido de estar absolutamente completa en sí misma; absolutamente serena, firme, en medio de la dualidad.

Esta época en que la naturaleza se presenta serena, firme, inmóvil, puede ser el momento de pedir también nosotros la serenidad imperturbable de sentirnos completos en nosotros mismos, firmes e inmóviles en medio de la dualidad.

Desde el alma, completa en sí misma,

Indrani

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