anahata

Queridas amigas, queridos amigos,

¿Qué despierta en nosotros la dicha al contemplar las inflorescencias de los avellanos, suavemente verdeamarillas, cabecear ligeras bajo el sol?

Sara todavía no tiene dos años. Me tiende las manitas para que la coja en brazos, y cuando su cabecita está a la altura de la mía, comienza a preguntar: «¿eto? », «el párpado», «¿eto?», «la oreja», «¿eto?», «el pendiente»… Después quiere subir a esta sala desde donde escribo para ver el “barco”, la iglesia-barco que ella imagina flotando en el mar. ¿Qué despierta la dicha y el amor cuando estos pequeños bracitos rodean nuestro cuello?

Si visualizamos nuestro corazón, nuestro centro energético del corazón, como una flor, como un loto –siguiendo una visualización que Lahiri Mahasaya propone para los chakras–, el cabecear verdeamarillo de los avellanos, la vocecita de Sara junto a nuestro oído, son el riego que da de beber a esa flor y la abre. Al recibirlo, la energía del chakra del corazón se aviva en su cáliz, se expande por sus pétalos, y, desde su centro, sube impetuosa al chakra ajna. A partir de la flor, la luminosa energía se irradia hacia arriba y en todas direcciones. El amor y la dicha son una expresión de esa luz.

Cuando meditamos, la flor de nuestros chakras se abre; si lo hacemos regularmente, en cada meditación la flor se abre un poco más. Y no solo se abre más, gradualmente permanece más y más tiempo abierta.

Así que salimos a pasear por el río. Los sonidos del agua nos envuelven en alguna clase de encantamiento y nos paralizan; no queda otro remedio, hay que detenerse y escuchar. Escuchamos su canto, primero unos gorgoritos sobre las piedras, a continuación la melodía se desliza dulcemente, más lejos se precipita apasionada… Nos dejamos llevar por el canto, nos adentramos en él y permitimos que impregne nuestro ser. Y, de pronto, nos sorprendemos diciendo interiormente:

«Querido río».

E inmediatamente:

«Querido Maestro» –querida Conciencia, querido Espíritu… pon tú el nombre–.

¿Sentimos dicha, amor por el río? Sí, el sentimiento es de amor. Y, ¿cómo vamos, instantáneamente, del río a la Conciencia más elevada? El río despierta la energía de nuestro corazón, del chakra anahata, la flor se abre, la corriente asciende al Ojo espiritual, y su radiación es tan poderosa, tan brillante, que abraza en ella el Todo.

Medita, abre tu corazón, y cuando lo sientas abierto, expresa tu amor hacia todo y hacia todos. Esta práctica te ayudará a expandir los sentimientos más nobles de tu corazón, y, en cualquier momento, sin pensar en ello, te encontrarás diciendo: «querido río», «querida Conciencia Cósmica».

Desde el corazón del alma,

Indrani

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