Presagio de primavera

Queridas amigas, queridos amigos,

Es uno de los días del año con menos color, por el paseo del río. Los árboles y los arbustos continúan sin hojas, el bosque es un entramado de ramas y troncos pardos y grises sin vida; desde el camino produce una sensación de decrepitud. El paisaje es un amasijo de formas rectilíneas grises con algunas manchas violáceas, casi negras, que aportan los últimos vestigios de las zarzamoras. La atmósfera es pardo-gris. El cielo lechoso. Aun así, existe cierto atractivo en esta absoluta adustez, quizá debido a la misma linealidad de las formas. Y caminar junto al agua no deja de tener encanto.

Observando el cielo lechoso, empiezan a distinguirse franjas de un débil azul, y la luz muy blanca del sol tras la masa gaseosa. Esta masa debe abrirse de vez en cuando, porque de pronto se siente un dulce calor en la cara; el sol anchea las franjas azules y nos reconforta. Nos abre también a nosotros un poco más, y entonces oímos una algarabía de pajarillos, un grupo de pinzones charlan de rama en rama. Al detenernos a escuchar, aparecen los primeros eléboros floreciendo. Ahora sopla una ligera brisa templada que huele a lluvia. La atmósfera se anima. ¡Se presagia la primavera! Y una bandada de jilgueros que sale de entre los sauces atropellándose vivaracha, desplegando con sus rápidos movimientos su intenso colorido, despiertan nuestra dicha.

La alegría se impone en nuestro corazón.

¿No podríamos conseguir que también la alegría triunfe en los días que quieran presentarse pardogrises en nuestra vida?

Sin duda podemos lograrlo. ¡Tenemos tantos recursos! ¡Y tan al alcance de nuestra mano! Permitidme que os cuente algo.

Una querida amiga desempeñaba labores de consejera en Ananda. Llevaba un tiempo tratando de ayudar a una mujer que tenía dificultades en su relación matrimonial. Mi amiga había intentado todo lo humanamente posible, pero la mujer, consulta tras consulta, aparecía con las mismas quejas, las mismas angustias, los mismos problemas. Mi amiga empezaba a desesperar de poder hacer algo por ella cuando se le ocurrió algo muy simple. Le dijo a la mujer que, en un papel, anotara en una columna las cosas negativas de su matrimonio y, en otra, las positivas, y que llevara el papel a la siguiente consulta. Para estupor y maravilla de la mujer, en la columna negativa aparecían sus 2 o 3 quejas permanentes, ¡la columna positiva tenía muchas líneas!

Cuando te encuentres en un día de atmósfera pardogris, prueba esta sencilla técnica. Antes de dejarte arrastrar por el abatimiento, haz el pequeño esfuerzo de coger un papel y un lápiz. Divide el papel en dos columnas. En una de ellas, anota las cosas que no te parecen ir bien, lo que consideres que drena, o roba, tu felicidad. En la otra columna escribe todo aquello que trae calma, alegría, seguridad, a tu vida. Al terminar, compáralas.

Es muy posible que, al comparar las columnas, te sorprenda ver que la columna donde se refleja todo lo positivo que hay en tu vida es más larga, y que en ella se alinean cosas más vitalmente importantes que en la otra. Es muy posible que descubras que tienes motivos más que suficientes para sentirte bien. Y, sobre todo, probablemente al analizar el papel te darás cuenta de que tu felicidad depende solo de ti.

Desde el presagio de primavera del alma,

Indrani

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