Vastedad interior

Queridas amigas, queridos amigos,

Estoy en Galicia, en Doade, el día después de la feria; es 10 de Febrero. Aquí, uno de mis paseos predilectos es caminar hacia Xirazga, el pueblo más cercano. Al salir de casa de mis tías, que fue la casa de mi abuela paterna, se entra inmediatamente en la carballeira del campo de la feria, y se sigue una carreterita que sube y baja una pequeña colina. Desde ella, entre robledales, parten numerosos caminos por los que adentrarse en el bosque.

Es un día característico de final del invierno en Doade, encapotado —ayer llovió— pero no frío; en este momento incluso hay bastante luz. Así que, subiendo por la carretera, una vez pasado lo que fue el lavadero nuevo del pueblo —que nunca se utilizó—, camino despacio y me detengo a cada paso. Los robles se mantienen sin hojas y esto me permite abarcar un panorama bastante amplio.

Doade es un pueblo retirado entre robledas, fuera de cualquier carretera transitada, y ahora, como sabéis, casi abandonado; en consecuencia, la sensación de silencio aquí es muy profunda, especialmente si te alejas de la aldea, aunque solo sea unos metros. Eso es lo que hago, camino hacia Xirazga. Como os digo, me detengo a cada paso, y al detenerme y mirar por encima de los prados hacia los montes redondeados, me embarga una sensación de distanciamiento. El silencio es absoluto, la soledad se extiende sobre el panorama que contemplo: el bosque desnudo de hojas a mi derecha y a mi espalda, la sucesión verde de prados, las vacas pastando silenciosamente, y al fondo las colinas, crean lejanía; una dulce lejanía. Porque el distanciamiento que me llena no es indiferencia o aislamiento, sino gozo. Es el distanciamiento de la vastedad.

Observo el paisaje atentamente, me concentro en él; todo mi ser está en el paisaje, y, entonces, mi pequeño yo desaparece; experimento la sensación de desaparecer y al mismo tiempo estar intensamente presente, de pasar de un contenedor limitado a formar parte de cuanto veo. Me siento entrar en la vastedad, que es expansión pero que está dentro de mí, que parece residir en mi interior.

El paisaje habla de un estado de silencio profundo, de calma profunda; habla de silencio interior, calma interior y, sobre todo, habla de vastedad interior. Habla de Sat, infinitud y absoluta inmovilidad. Y me hace mirar hacia nuestra verdadera naturaleza. La naturaleza de Sat se refleja en nuestra alma, así que nosotros somos ese silencio, esa calma, esa vastedad.

Vuélvete continuamente hacia tu verdadera naturaleza. Practica entrar en tu interior y percibir tu calma perfecta y tu vastedad. Si lo haces así, aprenderás a retirarte en tu ser, y en el tumulto de la vida diaria, podrás entrar en él y gozar de la expansión del alma.

Desde la vastedad del alma,

Indrani

 

 

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