Practicar la conciencia divina

Queridas amigas, queridos amigos,

El color comienza a aparecer. Dos días de lluvia lo han despertado de su letargo y, al rebasar la iglesia, nos sorprenden el verde y el naranja; la pradera reverdecida, y resaltando sobre ella, la piel anaranjada resplandeciente de las vacas. En el resto del paisaje la presencia del color es todavía muy tímida. Pero para quien lo busca, se despliega en el intenso grana de las ramitas nuevas de los arbustos, en las flores de los alisos amarilleando, en los brotes verde-amarillos de las hojas de los chopos.

Especialmente en las ramas nuevas, granates, brillantes, el color es la vida que sube rauda por los tallos; es el prana, la energía vital que las llena para hacer revivir el bosque. Y al deleitarnos observándolas, el prana sube también raudo por nuestra columna astral. La energía vital es una manifestación de la divinidad, es la divinidad que se expresa como prana en los seres vivos. Así pues, la energía vital es una manifestación de la conciencia.

Cuando sentimos el prana subir a nuestro cerebro, es fácil sentir la divinidad, la expresión máxima de la conciencia en nuestro interior. Pero nosotros queremos sentir la divinidad dentro de nosotros “siempre”, no solo mientras observamos la naturaleza o meditamos, porque la divinidad está “siempre” dentro de nosotros.

Este momento en que la savia comienza a vivificar la naturaleza, puede ser el ideal para empezar una práctica que nos acerque a percibir la expresión divina también en nosotros, y a percibirla continuamente. La práctica consiste en realizar todas tus acciones sintiendo que no eres tú quien las realiza, la divinidad las realiza a través de ti. Puedes pensar en la divinidad como la energía vital que corre por tus venas, por tu sistema nervioso, por todo tu ser. O en la divinidad en la forma de un santo o un maestro liberado. O en la divinidad como la Conciencia que da origen a todo en la creación.

Trata de sentir en todo cuanto hagas, ya sea algo físico, mecánico, creativo, intelectual, que no eres tú quien lo hace, tú eres un instrumento de la divinidad. Trata de sentirlo en tu trabajo, mientras caminas, mientras realizas las actividades cotidianas. Esta práctica te proporcionará un contacto cada vez mayor con tu alma. Poco a poco la realidad divina irá tomando fuerza en ti, y te acercará a la verdad de que tú eres Ella; hasta que comprendas plenamente que eres Ella.

Desde la realidad del alma,

Indrani

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