Cartas de Indrani

Queridas amigas, queridos amigos,

¿Cómo explicar la razón del universo? ¿Por qué se creó?

Los antiguos sabios de la India propusieron una alegoría para acercarnos a la comprensión de este misterio. La Conciencia cósmica, el Espíritu inmutable, no quería disfrutar sola de la infinitud, la omnipresencia, y sus demás ilimitados atributos, decidió compartirlos; y, como lo único que podía compartir era a sí misma, se dividió en dos. De esta forma surgió la primera manifestación de la creación. Así que la creación fue un acto de auto-ofrenda, un acto de amor.

Un destello de luz llega hasta mí desde la valla de la huerta, ¿de dónde procede esta brillante maravilla? El ala de una tórtola desplegada al sol actúa como un radiante espejo para regalarme este momento esplendoroso. La Naturaleza se brinda a disfrutar de sí misma en los demás.

En una carta a su hija Lieserl, Einstein le revela que existe una fuerza que comprende y gestiona todas las demás fuerzas del universo, que es responsable de todos los fenómenos que suceden en él, incluso de los que todavía no han sido descubierto. La ciencia, hasta ahora, no ha encontrado explicación para esta fuerza. Esta fuerza universal es el Amor.

Los antiguos rishis, los sabios de nuestra era, la naturaleza a través de una tórtola posada sobre un enrejado verde, todos los senderos espirituales, se refieren una y otra vez a la fuerza del amor como la fuerza generadora y motriz del universo. Esta idea me ha “rondado” continuamente desde que emprendí mi propio camino espiritual. Y sobre todo me ha “rondado” el anhelo de tener la certeza de que es así, o quizá mejor, porque desde el principio he tenido fe—es decir, confianza en lo que no se ve— en que es así, me ha rondado el anhelo de experimentar por mí misma que es así.

En alguna carta os he hablado de que todo anhelo profundo tiene que ser respondido; el “universo”, la conciencia, tienen que prestar atención y satisfacer todo anhelo procedente del alma. No puede ser de otra forma, no es de otra forma.

Recientemente, el universo resolvió que era el momento de darme una prueba de la fuerza que subyace a toda manifestación. Y lo hizo de una extraña forma. Me concedió la vislumbre de la trama de amor sobre la que se teje el cosmos. Duró apenas el tiempo que dura un relámpago, y me trajo la visión de un entramado, casi material, extendiéndose infinitamente. ¿Cómo puedo describirlo? Parece fuera de toda lógica, porque lo percibí con consistencia casi física, casi algodonosa. Podría asemejarlo al tejido neuronal, material y al mismo tiempo inmaterial, de nuestro cerebro. Percibí que se extendía infinitamente y también minuciosamente; supe que impregnaba todo en la creación, al nivel más amplio y al más pequeño, y supe que estaba compuesto de amor.

La visión fue casi instantánea, fue como una mínima muestra de aquello que yo ansiaba experimentar. Y ahora que la pongo por escrito comprendo que puede resultar extravagante. Pero me gustaría haceros llegar la certeza que imprimió en mí sobre la existencia de la fuerza del amor, de su entramado omnipresente. ¿Quizá para darme esta certeza se me presentó como sustancia material-incorpórea? No lo sé, lo que sí puedo decir es que grabó en mí el convencimiento de que es una fuerza real.  Y también el convencimiento de que continuará revelándose. Y mi deseo es transmitiros ese convencimiento.

Desde la fuerza del amor del alma,

Indrani

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