Cartas de Indrani

De la dicha vengo, por la dicha vivo, en dicha sagrada me fundo.

-Paramhansa Yogananda

Queridas amigas, queridos amigos,

Por primera vez, el paseo por el río ha estado teñido de tristeza. Los colirrojos y los carboneros cantan en los árboles, donde comienzan a abrirse los brotes tímidamente, pero los campos se secan. Desde el otoño, la sequía es tan persistente, que en los pastos las hojas del trébol amarillean en sus bordes, y en los sembrados de cereal la tierra aparece cuarteada.

Camino a lo largo del río, que esta primavera no ha recibido “la crecida”. Esta es la época más húmeda del año, el agua debería precipitarse por las regueras y el cauce, borbotear a lo largo de los senderos, empapar la ribera de vida; sin embargo, las flores silvestres apenas se atreven a asomar, algunas se mustian en sus capullos, los matorrales siguen sin desplegarse, un gran chopo se ha desgajado de la tierra… me embarga la tristeza, y de pronto me doy cuenta de que quiere arrastrarme. ¿Voy a permitirlo? ¡No! ¡Desde luego que no! Pero, ¿qué puedo hacer para evitarlo?

Hace unos años, una persona que dirigía un centro de Ananda, se divorció. Una tarde tenía que guiar la meditación, que comienza con un canto. Se sentó apenada ante el armonio pensando qué podía cantar. La canción que le “llegó” fue “Joy, joy, joy” —Joy, alegría en inglés—. Su primer impulso le llevó a decirse a sí misma: “Cómo voy a cantar esa canción si estoy llena de tristeza, no puedo cantarla, no tengo fuerza”. Pero comenzó a tocar las notas en el armonio, y después añadió la voz. Tras unas pocas repeticiones, su tristeza había desaparecido y estaba cantando con alegría.

¿Qué sucedió? Había utilizado dos herramientas para vencer el pesar: Una afirmación, en este caso una afirmación de dicha; y la música, las vibraciones elevadas de un canto. Estas son dos maravillosas prácticas. Ante el pesar, la tristeza, haz un esfuerzo por cantar, verás con qué rapidez tu estado se transforma. O intenta bailar, pon música y baila, mueve tus pies, mueve tus brazos, mueve tu energía, hazla fluir; acompáñalo, si quieres, tocando las palmas. Elige un canto o un baile que eleven la energía, y la alegría vendrá rápidamente a ti. O practica una afirmación, afirma la alegría innata a tu alma, porque la alegría es un atributo de nuestra alma.

No te dejes arrastrar por la tristeza de determinada circunstancia. Las circunstancias son pasajeras, la dicha es eternamente tuya. La dicha pertenece a la esencia del alma, la tristeza es extraña a su naturaleza; puedes verla como un velo que cubre el brillo de la alegría, basta quitarlo para que la dicha resplandezca.

Al regresar del paseo, comprendí que tenía que recurrir a estas herramientas; no estaba dispuesta a entristecerme. Comencé por tratar de ver la sequía como algo que se encuentra en la superficie de la vida, el escenario en que debemos desenvolvernos en este momento. Este escenario irá transformándose y nuestra actuación, nuestra vida externa, tendrá que adaptarse a sus cambios. Y, cómo predecir la mutación, qué dirección tomará la vida, ¿quizá una dirección que suponga mejorar? Por qué sufrir por un futuro incierto. Sí, si fuera posible, me gustaría que se descargara sobre nosotros el agua dadora de vida, que la lluvia revivificara la tierra. Pero si no está en mi mano, debo mantener la alegría.

Cuando me senté a meditar, traté de centrarme en la alegría, traté de buscarla dentro de mí. Y en medio de la práctica oí un verso del poema Samadhi, de Paramhansa Yogananda: “De la dicha vengo, por la dicha vivo, en dicha sagrada me fundo”.

Practica deliberadamente la alegría, está dentro de ti, forma parte de ti, tú eres alegría.

Desde la alegría del alma,

Indrani

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