Vibración del alma

Queridas amigas, queridos amigos,

El mar es hoy absoluta calma. Es época de “mareas vivas”, y la bajamar en la bahía de Porto do Son nos regala una plácida extensión de luz que riela suavemente; al fondo, el mar, la luz, se expanden en el océano. Porto do Son, su nombre resuena tan musical en mis oídos, que —muy lejos de toda etimología— me lleva a pensar en “Puerto del Sonido”, del cautivador sonido del mar que aquí entonara una melodía especialmente dulce.

Algún velero se desliza recreándose, recreándonos, en la serenidad del momento, y atrae nuestra vista un poco hacia la derecha, a la playa de S. Francisco —que hace surgir el monasterio y el recogimiento en nuestra mente—, a la península de Muros; después, de nuevo al frente y a lo lejos, donde un barco de gran calado traza el horizonte.

Es este un precioso momento de paz. Su paz profunda invita a cerrar los ojos, mirar hacia arriba y sentirlo en el interior. Al hacerlo así, la escena exterior parece entrar en la columna, la superficie casi inmóvil del agua, el reflejo del sol sobre el mar, el bosque —el verde— descendiendo hasta tocar el azul… Todo pasa a la columna, toma forma en ella, se mantiene un instante allí. Pero enseguida la escena se disuelve, sus elementos se funden, solo queda la paz. La paz sube por la columna al cerebro y se impregna de una vibración de dicha. Si abres momentáneamente los ojos, la realidad física continúa desenvolviéndose en el exterior; es plácida, es bella, pero algo te impulsa a cerrar los ojos de nuevo. La realidad interior tiene más fuerza; también es plácida y bella, pero además es vibrantemente gozosa.

Todo aquello que despierta en nosotros un sentimiento de paz, de calma, de alegría, tiene su homólogo en el interior. Cuando un hecho externo traiga a ti estos sentimientos, cierra los ojos, llévalo hacia dentro, y comprobarás que esos sentimientos se amplifican. En realidad la calma y la alegría están dentro de nosotros, son atributos de nuestra alma. Algunas circunstancias dirigen nuestra energía hacia el alma, y entonces los experimentamos claramente; otras llevan nuestra energía lejos de ella, y no nos permiten saborearlos; sin embargo, la paz, la dicha, y todas las demás cualidades del alma, continúan en nuestro interior, jamás se pierden.

Practica llevar a tu interior los momentos felices, mirar hacia arriba y guiarlos hacia el cerebro. Entonces, cuando te enfrentes a situaciones no tan felices, tendrás el hábito de ir hacia el interior, hacia arriba y hacia el alma, y encontrar allí tu paz y tu dicha. Sea cual sea la dificultad o el dolor de la circunstancia, vete hacia dentro, la infelicidad se desvanecerá y sentirás una reconfortante vibración.

Ante cualquier situación, cualquier hecho, cualquier circunstancia, entra en el interior de tu ser, enfoca tu mirada en el entrecejo, siente cómo tu energía sube hasta allí, y podrás gozar la maravillosa, la radiante, naturaleza de tu alma.

Desde la vibración del alma,

Indrani

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