Cartas de Indrani

Queridas amigas, queridos amigos,

Los trigales están a punto de ser cosechados; su verde grisáceo forma una alta alfombra que precede al verde brillante de la chopera. Algunos prados ya se segaron; sobre su amarillo seco se pasea una pareja de cigüeñas, blanco y negro. El contraste anima el paisaje y capta nuestra atención. Uno de mis hermanos, que vive en Galicia, es pintor; me cuenta que le gustaría pintar los paisajes gallegos, pero saca el caballete al campo y no puede estampar nada en el lienzo; todo es verde, y la homogeneidad no le permite crear un motivo para su cuadro. Un pintor necesita contraste.

Para dar animación a la vida, según las escrituras de la India, el Creador utilizó el contraste. Tuvo que recurrir a la dualidad para dotar de interés a la existencia en la tierra. Creó el dolor para resaltar la alegría, el frío para dar fuerza al calor, realzó la luz del día con la noche… Así que, a toda época de sufrimiento sigue un periodo de felicidad, y a todo periodo de calma uno de inquietud. Los opuestos son inevitables en la creación, aunque a veces nos cueste adaptarnos a ellos. Cuando llega la enfermedad, incluso sin ser grave, perdemos de vista la salud; y cuando gozamos de bienestar, no se nos ocurre que este pueda terminarse.

Esta es una de las razones por las que el Bhagavad Gita recomienda no dejarse arrastrar por la alegría ni dejarse abatir por el pesar. Ambos son transitorios y únicamente un elemento de la trama de este mundo. La ecuanimidad es resultado del discernimiento. Y una forma de practicarla es prepararse para “lidiar” con los opuestos. Cuando estés pasando por una época en que todo se desliza apaciblemente, piensa que las turbulencias están preparándose; así, cuando lleguen, las aceptarás con calma, como una consecuencia de dwaita, la dualidad. Las verás como el complemento ineludible de los días tranquilos, y como el preámbulo de una paz nueva.

Gracias a esta práctica, podrás llegar a reírte cuando tu vida se desenvuelva maravillosamente bien, o cuando una circunstancia te produzca un gran júbilo, imaginando: “¿Qué pequeña o gran hecatombe sucederá a esta dicha?”. ¡Qué alivio, y libertad, esa mínima reflexión! Porque, en última instancia, la dualidad no existe.

En la Conciencia, la conciencia cósmica, no hay opuestos, solo Uno. La Conciencia es adwaita. Mientras nuestra vida se desarrolle en un plano material, estaremos sometidos a la dualidad, pero, ¿por qué no ponernos por encima de ella? Pensemos en la posibilidad del fracaso cuando tengamos un triunfo, y disfrutemos así de las olas de la creación hasta que lleguemos a fundirnos en el océano infinito.

Desde el alma, donde no existen los opuestos,

Indrani

«Cartas desde el camino. Pasos de una discípula de Yogananda» de Indrani Cerdeira