Cartas de Indrani

Queridas amigas, queridos amigos,

Las nubes algodonosas se deshilachan creando sutiles velos que ondulan sobre el cielo azul. Como un delicado oleaje, crean transparencias sobre el fondo liso, y nos obligan a detenernos para sentir su expansión también interiormente.

Una dulce brisa aromada de saúco y aligustre trae los primeros soplos del verano preparándose sobre la primavera. A continuación la calma. Los trigales encorvan sus cabezas, mientras el amarillo avanza por sus cuerpos. Un milano planea por encima de un prado segado. La calma se tiñe de una sensación de suspensión; ahora, más que calma parece una espera, ¿quizá el campo se ha detenido un momento a escuchar si viene la lluvia?  Se diría que la Naturaleza “sabe” cómo irán sucediéndose los acontecimientos, ya los ha vivido.

El camino espiritual se ha comparado muchas veces a un proceso de ir deshaciéndose de capas. Sri Ramakrishna lo comparó a quitar las capas de una cebolla. Sí, probablemente todos sentimos que vamos desprendiéndonos; desprendiéndonos de lo inservible, a veces de lo dañino. En este proceso, quizá las primeras capas sean las que más nos cuesta quitar, no porque sean las más arraigadas —al contrario, son las más lábiles— sino porque no vemos con claridad que debamos quitarlas. A medida que el proceso avanza, la necesidad de desprenderse va haciéndose más patente y, con ello, también es mayor nuestra disposición a continuar.

Y al continuar, vamos alcanzando estratos cada vez más profundos. En ellos se acumulan los rasgos de nuestro “carácter”, en realidad de nuestro “ser”, más fuertemente enraizados. Son las tendencias que llevan más tiempo echando raíces, por tanto, las más determinantes en nuestra vida, y, ¡ay!, las que más tiempo tardaremos en arrancar. Al llegar a ellas puede sentirse cierto desaliento, ¡cómo luchar contra rasgos tan empecinados! Si llega a sucederte esto, piensa que, sí, el esfuerzo que se requiere es grande, pero también significa que estás llegando al final. ¡Te acercas a la libertad!

Hay, además, otro aspecto muy positivo al adentrarse en las tendencias profundas. Cuando algo te haga daño, sea una situación, el comportamiento de una persona, ¡tu propio comportamiento, que ya no apruebas!, analiza un momento de dónde procede el dolor. ¿Procede de una circunstancia reciente? Si es así, deséchalo con rapidez, no le permitas anclarse dentro de ti. Pero, posiblemente, si algo te afecta hasta el punto de causarte daño, la circunstancia que crea el dolor sea antigua, a veces muy antigua. Especialmente si al hacer el examen en repetidas ocasiones, descubres que el origen es siempre el mismo, se tratará de una de estas tendencias agarradas a estratos profundos de tu ser.

Saber que la causa primaria del dolor es antigua, supone ya un gran alivio. No se debe a esta circunstancia actual; esta circunstancia solo la recrea, por tanto, puedes tranquilizarte con respecto al presente, puedes situarte ante él con calma, y aligerarlo de ese peso. Esto te permitirá retirar tu energía de lo inmediato, de lo externo, y dirigirla hacia el interior. ¿Qué necesita transformarse dentro de ti? Pon tu esfuerzo en esa transformación, no en las circunstancias, y la labor será mucho más gratificante. No te verás en la obligación de ir transformando las situaciones que se repiten una y otra vez, hasta el infinito. Bastará con una sola transformación, transformación.

Y mientras esa transformación va operándose, ante un dolor provocado por un rasgo de estos estratos profundos, piensa que su causa ya pasó. Fue algo que sucedió en el pasado, quizá en un remoto pasado. Ya lo viviste en su momento, no necesitas revivirlo una y otra vez. Déjalo atrás, porque ya ha quedado atrás. Respira libremente. Respira tu libertad.

Desde el alma,

Indrani

«Cartas desde el camino. Pasos de una discípula de Yogananda» de Indrani Cerdeira