Cartas de Indrani

Queridas amigas, queridos amigos,

A primera hora de la mañana el cielo aparece encapotado y en el jardín me recibe un agradable frescor. Los aromas que han ido desprendiéndose durante la noche, se han purificado al amanecer, y la atmósfera se presenta renovada. La sensación es de bienestar.

En un momento, los rayos del primer sol del día rompen una nube, y algunos se cuelan hasta donde yo estoy e iluminan la hierba a mis pies. Las gotas del rocío brillan refulgentes, y el bienestar se transforma en alegría. Una pareja de palomas torcaces baten fuertemente las alas entre los fresnos, la alegría apacible de las gotas de rocío cobra vitalidad.

Cuando tomé la decisión de dejar mi profesión para dar clase de yoga, una amiga trató de aplacar mi posible exceso de entusiasmo. El lugar donde daría las clases era un centro de enseñanza para personas adultas, que mi amiga conocía bien, y me dijo: «No te ilusiones demasiado, la mayoría son amas de casa». Su gesto fue valioso para mí —el mismo Bhagavad Gita exhorta a no dejarse arrastrar por un exceso de entusiasmo— porque me permitió afrontar mi nueva etapa con los pies en la tierra. Nuestra amistad databa de bastante tiempo atrás, y su advertencia: “La mayoría son amas de casa”, se dirigía a nuestra visión de la vida, en aquel entonces, como un escenario de compromiso político y social. Para mí, saber que iba a dirigirme a amas de casa, supuso plantearme la clase con moderación, sin exaltarme ante la idea de que mis alumnas quedarían cautivadas por el yoga y se lanzarían de cabeza a sus enseñanzas.

A medida que tomaba contacto con estas “amas de casa”, fueron pasando de alumnas a amigas, y el sambenito “amas de casa” perdió todo sentido. Descubrí en ellas a personas llenas de coraje, de capacidad de trabajo, de comprensión. Algunas eran auténticas heroínas, mujeres que habían luchado con denuedo para sacar adelante a su familia en condiciones muy difíciles. En todas parecía existir un entendimiento profundo, mucho más allá de las creencias, la posición política, la situación social. Estos últimos quince años han sido años de gran aprendizaje, y en mis alumnas/amigas he tenido maravillosas maestras.

¿Cuál es el secreto de estas mujeres? ¿Qué les da su profundidad? El secreto es dedicar su vida a los demás; es dar siempre prioridad a las necesidades de otras personas sobre las suyas propias. Este ejercicio constante de dejar su ego a un lado, las pule, las fortalece y las refina. Es cierto que a veces puede haber en ellas falta de alegría, una sensación de esfuerzo no recompensado. Y entonces, ¿cómo hacer que en su dedicación brille la felicidad? La clave es desarrollar el sentimiento de servicio.

Para mis alumnas/amigas, y para todos, sentir que a través de la labor que realizamos, sea lo que sea, estamos sirviendo a los demás—o, si se prefiere, sirviendo a la Conciencia superior— eleva la vibración con que llevamos a cabo nuestras tareas, y la vibración de las tareas mismas. Esta vibración elevada calma el corazón, lo abre, y a través de él pasa la alegría que los rayos del sol de la mañana despiertan en las gotas de rocío.

Desde el alma, siempre a nuestro servicio,

Indrani

«Cartas desde el camino. Pasos de una discípula de Yogananda» de Indrani Cerdeira